Ciudad Bohemia

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Los Flechazos – Revisión – II Parte

Febrero 13, 2008 · Deja un comentario

 

 

 

Viviendo en la época del revival (continuación)

 

 

La efervescencia no paró en los siguientes años, conciertos, apariciones en televisión, y con ellos iban aumentando los fans paulatinamente. Vuelven a entrar al estudio de nuevo con Kike Cardiaco como productor para firmar ésta vez En el Club (1989). Era demasiado difícil continuar con la calidad de su debut y se nota en las melodías menos movidas, más simétricas entre sí, sin embargo temas como “En el club” o “Cuando el dolor se va” son de agradecer.

Por suerte se recuperan para el siguiente, John Ravenhall es elegido para el cambio, y ya el primer tema –“Chicas, Chicas, Chicas”– es una bomba. Haciendo de nuevo gala a su amado estilo mod escogen el mítico programa Ready, Steady, Go!, como ya lo hiciese The Who en su EP con el mismo título, y lo traducen al español. “Soy un pecador”, “Déjenme en paz”, “Luces rojas” y sobre todo uno de sus hits: “Suzette”. Preparados, Listos, Ya! (1991) sería su último disco con una calidad alta ya que, un año después, En Acción (1992) –el cual copia la portada de la edición francesa de My Generation (1965) de “les Who”– tiene poco salvable sin caer en lo anodino, la mitad del disco hacia delante sube el nivel de la inicial que bien podría no haberse grabado. “Go Go Girl” al igual que su tema “Chicas, Chicas, Chicas” pega fuerte, mientras que “Daño” o “La casa del reloj” mantiene un poco el tipo.

Llega la fusión entre DRO y WEA, con ella la rescisión del contrato de Los Flechazos. Coincide además la salida de dos de sus miembros: Héctor Escobar y Pedro Javier Alonso. Escobar abandona por motivos laborales y Alonso dice estar harto del mundo musical. Antes de estos acontecimientos dejan plasmado en plástico rígido su directo potente. El Sorprendente Sonido de Los Flechazos (1993) es el último álbum publicado bajo la tutela de DRO, en el cual demuestran que si de algo no adolecían era de su sonido frente al público.

Mejorar un sonido ya personal:

Elefant Records acudió al rescate del buque insignia casi consolidado del revival mod. Sólo hacía faltaba un paso más para quitarle el “título” a Brighton 64 y su Bola y Cadena. Al igual que años después hicieron con Vainica Doble devolviéndolas su esplendor, el quinto y último disco en estudio de Los Flechazos sería su mejor trabajo en su carrera. Alta Fidelidad (1995) contaba con todo lo que el grupo podía dar y que nunca antes lo habían hecho. Suenas más claros, el pop alegre de la inicial “No hay solución” o de “Queda mucho por andar”, se entremezcla con la rapidez de “Me he subido a un árbol” o de “Si tú te vas”. Los coros tienen más importancia, y tanto Francisco Villa en el bajo como Miguel Manero a la batería cubren perfectamente los huecos dejados por Escobar y Alonso. En éste disco se podría ver más que una segunda época del grupo, una escisión. El sonido final está más cercano a lo que cinco años después Alex Díez firmaría bajo Cooper que a lo que sonaba en Viviendo en la Era Pop.

La promoción de éste trabajo fue dura, más de 77 conciertos, participan por primera vez en el Festival Independiente de Benicasim y en el BAM, pero no llega a conseguir un éxito en ventas óptimo. Lo mismo pasó con el mini-cd Días Grises (1996) donde está el éxito de igual título, uno de sus mejores temas. Éstos hechos pueden ser una de las causas que provocan la separación del grupo un año después, dado a conocer en el Purple Weekend, festival que Álex y Elena organizan en su ciudad.

Diez años de carrera con grandes temas, ritmo y mucha dedicación por la música. Fieles a su estilo característico, a rememorar uno de los mejores periodos en cuanto a calidad musical, y demostrando que lo suyo no era pasajero, ni por modas. Aún hoy Elena sigue organizando el Purple Weekend, Álex tiene Cooper donde ha sabido continuar éste proyecto, y también cuentan con la tienda sixtie Chelsea en su ciudad natal. Con biografía –­Haciendo astillas el reloj (1994)–, con discos en Japón –Alta Fidelidad bajo Tokum–, en Alemania – Pussycat (1996)–, en Gran Bretaña para el prestigioso sello Detour, Los Flechazos siguen aún “viviendo en la era pop”.

 

 

para Retro Música

 

Los Flechazos – A toda velocidad

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Los Flechazos – Revisión – I Parte

Febrero 12, 2008 · 2 comentarios

 

 

Un mundo propio

 

Jornada laboral de ocho horas mínimas, recoger a gran velocidad, cerrar la puerta del trabajo con la mayor indiferencia posible, subirse a la scooter aparcada enfrente, ir sorteando los obstáculos encontrados por el camino, desde coches a viejas, llegar a casa, ni siquiera saludar a quien habite en ella y encerrarte en tu habitación, por fin, descanso. No paras de buscar, sabes lo que vas a encontrar antes de dar mil vueltas, pero son necesarias, al final sacas un vinilo verde, grande, impecable en su estado de conservación, cuatro chicos sonrientes salen en la portada con su estilo inmaculado, con sus cortes caros, clase y admiración desprenden hacia ti, la aguja ya está en alto y tiene como objetivo contactar con el acetato negro, seleccionas la primera, te vuelve loco y quieres bailar con ella. La batería empieza a marcar el ritmo, mientras te desprendes de la ropa del apestoso trabajo, las guitarras con sus riffs característicos, y entra la voz: “Listen while i talk you…”, ya andas de camino a la ducha, no hay tiempo que perder, todavía queda mucho por preparar. Ducha, tiempo delante del espejo arreglándote, todo sin parar de moverte al compás de la música, sonando “You’d Better Believe It”. Terminas y es hora de escoger el traje de hoy, la chaqueta de estilo italiano, la corbata, la camisa a juego, los zapatos que tanto querías, no descuidas ningún detalle, quieres brillar ésta noche. Sales según has entrado, nadie conoce por hoy tu voz en la casa salvo por cómo cantas tus canciones. La parca se divide en dos a ambos lados de la scooter, tienes claro dónde ir, cuál es tu objetivo, vas a tu club favorito y a bailar toda la noche, porque lo quieres, quieres ser el rey de la noche, el faces que todos admirarán.

Si alguna letra tuviese que incluir una explicación bien podría ser la anterior, la vida mod en sus parámetros básicos que por los años 60 marcaron a una generación juvenil en los barrios de Londres. Los Flechazos se basan en eso, en rememorar esa época no vivida pero que parece estar presente según escuchas determinados temas suyos. La genialidad del grupo de Álex Díez rememorando un estilo veinte o treinta años después del boom acontecido y no perder nada por el camino es de agradecer, suenan de la época aprovechándose de las mejoras en el sonido que hay en la actualidad.

 

Viviendo en la época del revival

Los Flechazos no estaban solos a la hora de llevar a cabo ésta tarea, varios grupos ya habían puesto en marcha el revival mod por éstas tierras. Grupos que se situaban en torno a la capital barcelonesa o madrileña principalmente, nombres como Los Elegantes, Brighton 64 o Kamenbert son hoy los que más se recuerdan, pero también otros como Telegrama, Los Éscandalos o Pánico Speeds. Los Flechazos no estuvieron en los comienzos de ésta revisión pero supieron materializar lo acontecido hasta ese momento, desde el reciclaje que The Jam hizo hasta el de Merton Parkas, y sobre todo el hecho por los grupos españoles que les precedieron –el mejor fue el de Los Elegantes o Brighton 64. Llama la atención que saliesen de una ciudad como León, alejada de ambas capitales en las que la música llegaba más fácilmente, aunque ya de por sí llegaba poco a éstas, a León era todavía menor. Pero como siempre la excepción surge, una figura como Alex Díez, anteriormente en Ópera Prima y F.B.I., inquieto en una capital de provincia fría y reacia a determinados impulsos culturales fuera de lo establecido, consiguió juntar a un buen grupo para dar forma a su idea de grupo. El órgano quedó a cargo de Elena Iglesias Sastre, el bajo para Héctor Escobar quien también completaba su labor con los coros en algunas canciones, la batería para Pedro Javier Alonso, y al igual que Escobar José Berrot aportaba su voz a los coros y su armónica. La fecha de inicio se fija con su primer concierto en León hace ya 21 años, empezando las andadas con una gira junto a Deicidas y Los Cardiacos, ambos grupos leones. Rápidamente fructificarían sus directos en su primer contrato discográfico. La discográfica DRO, en busca de talentos que pudiesen asegurarles ventas y frescura se fija en ellos, en poco tiempo saldrá su primer largo bajo el título Viviendo en la Era Pop (1987). Una carta de presentación rotunda, cuidada en su sonido con las influencias claras para el grupo: desde los Small Faces hasta The Jam, pasando por The Who o The Kinks. Melodías fáciles, estribillos pegadizos, canciones pop de tres minutos, descaradas y brillantes con la temática mod constantemente presente. Hits como la que da título al disco, ambientada en los barrios londinenses de los sesenta, dándole más vida en “Callejear”, “La ciudad del motor”, “En esta ciudad” o míticas ya como “Un bidón de gasolina”. Se perfilaban como un gran grupo dentro del género y sólo con su primer disco.

 

para Retro Música

 

Los Flechazos – Viviendo en la Era Pop

 

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Los Planetas – Revisión

Noviembre 5, 2007 · 5 comentarios

Caminando por colinas de cebollas y metal…

1990, comienzo de una década más para el pop en general, comienzo de una década revolucionaria para el pop en español. En este año surgen los granadinos Los Subterráneos, por motivos legales Christina Rosenvinge se queda con la denominación y el grupo que empezaba a dar tumbos, formado por Juan Rodríguez (J) y Florent Muñoz, tenía que llamarse de otra manera. Qué mejor que Los Planetas. La justificación de éste nombre podríamos verla en el 2003, cuando el dúo formado por Irantzu Valencia (La Buena Vida) y J cantaban: “Los Planetas son la única preocupación/que gira alrededor/de más de investigador.” No les faltaba razón en ninguno de los versos, pocos grupos españoles han conseguido la supremacía de Los Planetas, la aceptación como grandes estrellas tanto de crítica, desde la más snob hasta la más sencilla, como de público. Sólo podrían unirse a la lista de grandes grupos del indie español nombres como Surfin’ Bichos, El Niño Gusano o La Buena Vida, por su influencia dejada tras la separación o por su carrera de fondo respectivamente. Además Los Planetas podría verse como un “súper grupo” debido a que la mayoría de los componentes aportan su grano de arena y no les basta con este proyecto para desarrollarse musicalmente hablando. J es el más inquieto de los cinco, colaboraciones varias, desde la ya mencionada con el grupo donostiarra, hasta con Nacho Vegas, y cuenta con su grupo paralelo, la Cultural SolyNieve, con el que experimenta en un sonido más andaluz y libre; Florent también se deja ver mucho a través de colaboraciones con Los Enemigos, también con Nacho Vegas o Clovis, al igual que Banin y Miguel; por último, la colaboración de Eric Jiménez con Lagartija Nick.

Los ingredientes que han aportado en sus diecisiete años de existencia, ¡se dice pronto!, han bebido de fuentes muy variadas, lo que les ha permitido una riqueza musical que tanto escaseaba por estos lares. El rock psicodélico o rock ácido de la Florida de los sesenta, con grupos como Jefferson Airplane, Grateful Dead o Group 1850, la revisión del rock andaluz de la mano de Triana, el rock progresivo español de Máquina o Pau Riba, la parte electrónica de Radiohead, las guitarras de Pixies y ciertos avisos de post-rock; todo esto podría verse como coctel explosivo para dar con el sonido ya característico de Los Planetas. Un sonido donde hay distorsión, donde la voz de J tras largos años de escucha el oído se acostumbra a entender (o no), un resultado final que apuesta por la experimentación. Si con Super 8 (1994) podrían haber ido derivando al pop más accesible, Una Semana En El Motor De Un Autobús (1998) suponía la vuelta de tuerca a su sonido, y especialmente a la escena española, elaborando su mejor trabajo, su tótem que tantos intentan conseguir. No conformes con esto, juegan con la instrumentación, con largos solos en Unidad de Desplazamiento (2000), en Encuentros Con Entidades (2002) donde se veía en ciertos temas lo que podía estar por venir. Esto lo plasmaron en Contra la Ley de la Gravedad (2004), temas que les podía hacer más comprensibles a un nuevo público que antes no era de su agrado pero que sólo eran espejismos que tres años más tarde despejaban con su último disco hasta la fecha: La Leyenda del Espacio (2007). Aquí Los Planetas no revisionaban a Camarón, al flamenco, ni a nada, aquí Los Planetas demostraban una vez más que su sonido no tenía barreras. Daban el do de pecho para seguir creyendo que les queda mucho que ofrecer en un futuro cercano.

Puede que peque de prepotente, sentenciador, de ignorante o de iluso, pero Los Planetas son, y serán si el panorama no progresa en calidad, el mejor grupo español de la historia. Gracias por existir.

para Azul Eléctrico

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Vainica Doble

Julio 25, 2007 · 4 comentarios

Vainica Doble – Revisión

Tras el término sobre el bordado que se realiza al borde de los dobladillos, se esconden la entrañable pareja formada por Carmen Santoja y Gloria van Aerssen. Ambas dieron a luz al dúo que posteriormente grandes personajes de la música (desde Carlos Berlanga a J de Los Planetas) reconocerían su influencia imprescindible a la hora de entender la canción. En 1966 Carmen Santoja ya había iniciado la tarea de composición y, por desgracia, la abandonó de forma definitiva el 23 de julio de 2000 cuando falleció. Dejando tras de sí siete grandes discos –Carbono 14 (1997) no entra en esta lista- donde sentaron uno de los capítulos más brillantes en el pop español.

Empezaron desde la televisión y el cine, con la película de Marisol Carola de día, Carola de noche (1968). Luego gracias al cuñado de Carmen, Jaime de Armiñán, graban la sintonía y algunas canciones de la serie Fábulas (1968). Entre otras series a las que pusieron música se destaca Del dicho al hecho (1970) que luego pasaría a ser el tema “Refranes”.

En su camino discográfico siempre tuvieron grandes padrinos que gracias a ellos consiguieron las condiciones necesarias para grabar su música. El primero fue José Nieto, quien les presentó al grupo Nuevos Horizontes con quienes grabaron algunas canciones, además de conseguir grabar su primer single con Columbia.

Este fue el primero y el último, ya que la pareja discutió con la discográfica y pasaron a Ópalo, donde en 1971 salió su obra prima Vainica Doble. Canciones aparentemente infantiles pero con lenguaje culto, ensoñadoras y alegres componían esta obra. Este LP se convirtió tras el rápido cierre y mala distribución de Ópalo en una pieza codiciada por los coleccionistas.

Antes de pasar a Ariola graban con Ópalo un disco navideño donde colaboran con Aguaviva. Temas como “Oh, Jesús” o “Evangelio según san Lucas” demuestran cómo hasta las canciones de Navidad sabían darlas su toque personal. Ya en Ariola graban uno de sus mejores discos, Heliotropo (1973), hechos habituales, amor, amistad y ambiente bucólico.

Pero no paran, siguen con su colaboración en cine y cambiando de discográfica. Esta vez con la banda sonora de Furtivos (1975) y firmando con Gong. El título fue el más acorde para definirlas, Contracorriente (1976), sonido derivando a la psicodelia aunque ellas no quedaron satisfechas con el resultado.

Será la movida madrileña con genios como Carlos Berlanga o Nacho Canut quienes reivindiquen (una vez más) al dueto. A su vez, se publica por parte de El Zurdo un libro sobre la historia y declaraciones del grupo. Y ellas graban para Guimbarda dos discos más: El eslabón perdido (1980) y El tigre de guadarrama (1981). Aunque será con Taquicardia (1984) en la discográfica Nuevos Medios, donde cerrarán su etapa. Más oscuro que sus anteriores pero sin romper su línea. Siguieron con colaboraciones espontáneas, y Carmen escribiendo letras a otros. Hasta que Miguel Ángel Arenas decide hacer Carbono 14 donde pudo más el motivo económico que el artístico.

Será Álvaro de Cárdenas para el sello Elefant quien limpie esa imagen grabando En familia (200) con canciones como “Dices que soy”. Así se despidieron, de la mejor forma que sabían, creando magia con música.

para Azúl Eléctrico (revista de León)

PD: Salió hace un mes o más, pero el olvido y la pereza siempre evitaba que lo subiese.

Categorías: Pop Indie Español · Vainica Doble · revision

Felt

Mayo 7, 2007 · Deja un comentario


Felt para AbsolutZine

No es un grupo de mayorías, tampoco es un grupo de minorías amasadas, pero siempre uno de sus discos se cuela entre los mejores a escuchar, discos raros, o recomendaciones del músico de turno. 1979 sería la fecha de inicio, donde se apuntaban las primeras maneras; el clima era el estallido del post-punk, todos querían sonar oscuros, todos querían ser más cerrados que el anterior; por el contrario Felt quiso sonar limpio en el sonido, ya que algunas letras serían indescifrables, demostrando que lo suyo no iba a seguir patrones estandarizados.

La figura clave iba a ser, una vez más, un artista maldito, posiblemente un visionario con un ego desarrollado más allá de sí mismo, y sobre todo, con una idea de canción digna de elogiar. Lawrence Hayward era el único componente de Felt como a veces declaró, su proyecto personal, nadie quería (y a la vez odiaba) más al grupo que él. Su pasión proviene de otro maestro, asombrado por Tom Verlaine y sus Television, quería imitar su sonido, esa No Wave neoyorkina que pasaría a desembocar en los ochenta en la New Wave a nivel mundial. Porque si se escucha el primer disco, Crumbling The Antiseptic Beauty (1981), no vemos casi ningún elemento de post-punk, sólo el bajo y la batería oscureciendo la escena. La voz es clara, si bien en segundo plano muchas veces. Se ve más la evolución a esa New Wave que desarrollará en los posteriores trabajos.

Anteriormente Hayward había demostrado su talento grabando en su habitación Index (1979), donde sí se ve ese sonido crudo y primitivo. Pero el grupo no era sólo suyo aunque así lo creyese, una parte esencial era aportada por Maurice Deebank, la guitarra de este recibió todos los elogios de la crítica, su forma de tocar era moderna pero de corte clásico, dicha dicotomía la hacía tan especial. Además de Deebank a la batería se sentaba Tony Race, quien será echado –según rumores– por Hayward debido a su corte de pelo siendo sustituido por Gary Ainge, y en el bajo Nick Gilbert, también sustituido después por Mick Lloyd.

Con Cherry Reds sacaron la mayoría de su catálogo, desde Birmingham consiguieron hacerse oír entre unos pocos. Dos largos más a partir del primero marcarían la etapa inicial. Quizás los tres discos seguidos mejores de la época, sin fallos. Si ya el inaugural daba vistas a lo grande que iba a ser el grupo, el segundo, The Splendour Of Fear (1984), sólo con la instrumental que abre es para detenerse y escuchar boquiabierto. Pero es que las siguientes son para seguir alucinando de lo que se oye. Es como si Lou Reed cantase acompañado de Richard Lloyd y Verlaine a la guitarra. Mientras Hayward tenía claro que quería componer piezas de treinta minutos y no se salía de esta pauta.

La influencia de la No Wave también se podría apreciar incluso en las carátulas, la segunda tomada de Chelsea Girls (Andy Warhol y Paul Morrissey) y la tercera con un parecido razonable a Talking Heads: 77. Con este tercer lanzamiento seguían la estela de grupos como New Order en ese sonido tan característico de unos pocos. Entra a la formación Martin Duffy –posteriormente pasará a Primal Scream– a los teclados viéndose más desarrollada esta parte en los posteriores trabajos.

Empieza otra etapa, el pop es más claro que anteriormente. Robin Guthrie (Cocteau Twins) se encargará de producir Ignite The Seven Cannons (1985) acercándoles a su sonido barroco. También participa en a los coros en “Primitive Painters” Luiz Fraser (la otra parte de Cocteau); aunque lo malo de este periodo será el roce dentro del grupo, Deebank no ve con buenos ojos el cambio de ritmo y decide irse para continuar en solitario.

El grupo va creciendo y el apoyo que le ha dado Guthrie les ha servido para que aumente sus seguidores concierto tras concierto, además de las ventas. En 1986 firmarán el primer trabajo para Creation Records, que estaba a punto de ser la discográfica independiente más importante del país. Let the Snakes Crinkle Their Heads to Death dará pie al sexto disco. Este trabajo será el tope, la cima que no se puede superar pese a que se quiera (no es el caso). Entre los mejores discos de la historia, Forever Breathes The Lonely Word muestra la faceta más limpia de Felt, el pop por el pop. Duffy y su Hammond sustituirá la dependencia que antes se tenía de la guitarra de Deebank, aunque sólo pensar si hubiese estado presente en esta grabación…Hayward volverá a la dinámica de los treinta minutos como tope. Elegancia en las ocho canciones que forman el conjunto, lo anterior parece haber servido como maduración a la hora de escuchar este disco.

Pero no contento con una obra de arte al año siguiente saca otra. Prolífico y perfecto, Hayward parece retar a cualquiera a que le igualase ante tal hazaña. Lo hizo al empezar con el grupo con tres trabajos nada menos y ahora lo repite mejorándose así mismo en un año con dos obras maestras. Poem of the river (1987) es el álbum que bebe de cualquier lado, desde un pop californiano a Television, son ambas escenas pasadas por su filtro, y sobre todo por el Hammond de Duffy.

Por desgracia, después de llegar arriba siempre se tiende a ver lo siguiente con guante de seda, a no dejar pasar una. Es cierto que Felt no siguió esta tendencia de seguir en el cum laude, pero no necesitaba más, ya había aportado lo necesario para pasar a la historia. Laurence Hayward después se cansó y con ello aumentó ese halo entorno a su figura. En el siguiente disco, The Pictorial Jackson Review, con el que se inicia la tercera etapa, se deriva a un ambiente instrumental. Con frases en el libreto como: “Recorded quickly”. El siguiente, Train Above the City (1988), Hayward remata añadiendo sólo los títulos a las canciones, no hizo más. Se dice que compraron un vibráfono y tenían que rentabilizar su coste, por lo que Duffy y Gary Ainge pasaron las sesiones en el estudio experimentando.

Y el genio al final tenía que cerrar como tal. No es casualidad que su última referencia volviese a ser en el sello que les dio la oportunidad de empezar –también ayudó que Creation no tenía más dinero y hasta 1990 no podía sacar el disco–, tampoco que cerrase el grupo tras diez años en activo… en Hayward nada parecía ser espontáneo. Volvió a brillar en su último aliento e incluso a querer reconciliarse con Deebank (“Free”). Porque los genios tienden a enemistarse pero al tiempo ven lo que pueden hacer si se unen y la habilidad de dos es figuras no es superada por nadie.

Felt quedó en la recámara de los grupos de culto, de los grupos que alegran un día tras escuchar sólo una canción, de los grupos que en una canción demuestran que el pop es una manera de hacer arte, de los grupos que demuestran lo valioso que es la música…

para AbsolutZine

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A Certain Ratio

Abril 19, 2007 · Deja un comentario


A Certain Ratio para AbsolutZine

El trigésimo aniversario es lo que A Certain Ratio celebra este año. A pesar de que sus años efervescentes se quedaron en la mitad de los 80, reuniones y discos más experimentales demuestran que no se ha diluido las ganas de hacer música pese a encontrarse en un segundo plano. Desde el post-punk al funk vanguardista acabando en la escena de Madchester y las pistas de baile.

A finales de los 70 la historia ya es conocida. Un grupo con seis jóvenes sin idea de música se suben a un escenario y surge –y muere– el punk. De ellos destacar a Johnny Rotten o mejor llamarlo por su nombre, John Lydol, quien formaría el grupo PIL, una de las cabezas del post-punk. En 1978 otro grupo que estuvo en ese concierto sería Joy Division, estandarte con sólo dos discos de este movimiento –sin olvidarse de Devo. Durante estos años comienza a formarse A Certain Ratio en la ciudad de Manchester. Como voz se encontraba Simon Topping quien guardaba en el tono un parecido más que razonable con Ian Curtis. Las coincidencias con el grupo de Curtis no quedan ahí: El estilo bizarro de su moda, los cortes de pelo, un uniforme que parecía sacado del África Korps y además del nombre del grupo proveniente de una canción de Brian Eno –“The true whell”– que a su vez había sido tomado de una frase de Hitler; todo era caldo de cultivo para recibir el apelativo de fascistas al igual que los Division. Si a esto se añade que su mecenas fue Tony Wilson y que su maqueta bien podría haber pasado por temas de los anteriores, A Certain Ratio era la esperanza de la Factory –junto con Durutti Column– para cubrir el hueco tras el suicidio de Curtis.

La formación la completaban Jez Kerr (voz, bajo), Pete Terrel (guitarra, electrónica), y Martin Moscrop (guitarra, trompeta). Estaban empezando y su sonido ya denotaba la influencia de Kraftwerk, Wire y George Clinton. El predominio de este último con sus Funkadelic será explotado con la entrada, tras el debut en 1979 en la Factory, de Donald Johnson a la batería. Ya en octubre graban su primera sesión con John Peel. Tras telonear a Talking Heads y a Joy Division durante ese año –Topping tendrá que sustituir a Ian Curtis en un concierto por un ataque epiléptico– graban su maqueta The Graveyard and The Ballroom” (1980) en edicción limitada en casete. Temas como “Choir”, “Flight” o “All Night Party” se convertirán en sus himnos. Música oscura, letras pesimistas y una fuerte carga de post-punk aunque con algún atisbo de funk. Será con su primer trabajo, To Each… (1981), donde su sonido se distancie de los cánones de la escena. Habían girado con New Order el pasado año por Estados Unidos y de paso aprovecharon para grabar en los míticos estudios EARS de Nueva Yersey con Martin Hannett como productor. Pero la varita mágica de este tuvo un efecto veloz, debido al error de un ingeniero de sonido estadounidense que eliminó sus arreglos. Rápidamente en enero fue remezclado en Manchester aunque la banda no quedó conforme con el resultado.

No pararon y aprovechan su estado de gracia para grabar entre marzo y mayo de ese año Sextet (1982). Los estudios Revolutions de su ciudad natal será el lugar con ellos a la producción. Simon Topping pasa cada vez más a un segundo plano y Martha Tilson colabora aportando su voz negra a la vez que sencilla. El sonido resulta más claro, un pop más vocal. Pero la estancia de Martha en el grupo será breve, tras la segunda sesión con John Peel, la promoción de Sextet y una gira por el norte de Londres con 23 Skidoo, abandona la banda.

A Certain Ratio ya se habían situado a la cabeza del funk vanguardista junto con 23 Skidoo, Pigbag y The Pop Group. La presentación en el Liceo de Londres de su trabajo fue todo un éxito, lo que les motiva a grabar entre febrero y marzo su tercer largo: “I’d Like To See You Again” (1982). Vuelven a repetir en los Revolutions y en la producción, pero ahora el funk pasará a estar en el primer plano mezclándose con ritmos electrónicos bailables.

Este año Pete Terrell se va a la India y es reemplazado por Andy Connell, Tony Quigley también se une como saxo –anteriormente ‘roadie’ de la banda– y Carol McKenzie como voz aunque de forma temporal.

Vuelven a girar por Estados Unidos con New Order y el resultado será su álbum en directo A Certain Ratio Live in America (1985). Un año después entran a los estudios Yellow 2 de Manchester con Stuart James a la producción para grabar Force (1986); una combinación de jazz, pop y funk.

Ya en 1987 una multinacional, A&M Records, les firma un contrato del que aprovechan el dinero para construir su propio estudio: The Soundstation. Con Julian Mendelson firman su álbum pop: Good Together (1989) posteriormente Michael “Moist” Eastwood será el programador para ACR:MCR (1990). A&M cancela el contrato por el escaso nivel de ventas y el sonido iniciado por la banda donde predominaba el dub, los ritmos latinos y la música disco.

Quien les vuelve a dar la posibilidad de grabar será Rob Gretton –mánager de New Order que había creado su propio sello. Up in Downsville (1992) será su primera referencia y su segunda y última será Change The Station (1996), sonido p-funk, latino, instrumental y electrónica mirando a la pista de baile se mezcla con un parecido a los Happy Mondays.

Creation Records reedita su trabajo además de añadir un remix de su obra –Looking For ACR (1994)–, giran con Happy Mondays, New Order y se toman un periodo de silencio. La publicación de 24 Hours Party People (2002) y un evento conmemorativo a Robert Leo Gretton, consiguen que se vuelvan a juntar además de grabar nuevo material con Fila Brazilia en 2002.

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