Bueno, mi último post de resumen data del 5 de este mes, sólo han pasado 16, dentro de lo malo… es que no puedo ser constante con este resumen (el tiempo y mis ganas por hacer mil cosas, me lo impiden).
Se da el caso con muchas canciones que el intento de remix se convierte en un fiasco absoluto, habiendo quedado mejor el tema sin el mínimo retoque; es el caso de ejemplos tan claros como “Song #2” de Blurconvertida al techno bajo el título de “Song #3” o James Brown enlatado varias veces para cualquier dance floor cutre. Por el contrario también hay casos donde la canción no sólo mejora sino que parece otra, el resultado final goza de una calidad inimaginable en el tema original; por ejemplo: muchos de los mixes de Matthew Herbert, o la revisión de Count Basic por parte de Kruder & Dorfmeister. Es este último caso el que nos plantea el nuevo 12” de Vakant. El label berlinés da la oportunidad a 2000 And One & Daniel Stefanikde mezclar a dos de sus grandes nombres dentro del catálogo: Mathias Kaden y Onur Özer.Kaden es remezclado por Stefanik y Özer por 2000 And One. El planteamiento del tema “Synkope” por parte de Stefanik consigue mejorar el sonido original, prefiere más claridad, una mayor mezcla y más baile. Mientras 2000 And One es quien se enfrenta a “Red Cabaret”, ya de por sí soberbio, añadiendo ciertos aíres brasileños mínimos al ritmo. Dos buenos mixes que tendrán su justa repercusión.
Otra entrega procedente de tierras yanquis, y otra referencia caracterizada por su similitud. New Idea Society presenta su segundo largo tras dos años en los que la parte principal del proyecto, Mike Law –también en Eulcid–, no ha parado de trabajar para su composición. Junto al songwriter de Brooklyn se halla su inseparable amigo y compañero de viaje Stephen Brodsky, miembro de Cave-In y de Kid Kilowatt, ahora ya consiguiendo dar prioridad a la grabación por encima de sus otros proyectos.
Dicho proceso de grabación ha seguido los esquemas tradicionales, sin recurrir al overdub en ningún momento, y grabando a la vez en el estudio todo lo que se escucha en el disco, incluso las voces. Para esta apuesta por el sonido típico contaron con el productor Andrew Schnieder, quien también produjo a Cave-In y a Zozobra, entre otros.
El resultado es una mezcla entre el folk tranquilo y el indie en sus variantes pop y rock estadounidenses, un sonido que grupos como Clem Snide han conseguido con gran nivel, y que New Idea Society se halla a gran distancia todavía de encontrar. Por su parte los desarrollos son más lineales, constantes, sin nada nuevo que presentar, sólo una estructura simple a la que únicamente le salva en muchos casos laletra. Aquí Mike Law se muestra como un buen compositor tratando desde historias de amor a otras más duras o críticas.
Por desgracia las que destacan en este sentido son sólo tres respecto a las doce que componen el conjunto. “The Medicine Show” se basa en un tempo más allegro para la narración de algo fantástico; “Waking Dreams And Rooms” prefiere la lentitud que corresponde con el carácter intimista de la canción; y “Compass” tiene la figura de Dylan de forma clara como referencia nada más comenzar, donde parece escucharse más una cara B descartada del estadounidense que un tema en relación con los anteriores.
La cruz del disco se ve desde el inicio hasta el final, desde la poca maña a la hora de combinar narración y una mínima melodía –de ocho minutos nada menos– (“Part II: The World Is Bright And Lonely”), a la repetición constante de riffs y versos (“Single Thread”). Consiguen firmar así un trabajo que no presenta ningún matiz diferente al género, nada que no se haya hecho y repetido hasta la saciedad con mayor arte, un resultado simple, demasiado simple. Un paso atrás respecto a su anterior trabajo: You Are Awake or Asleep(2005).
Algunos artistas tienen la mala suerte de arrastrar disco tras disco aquello que en el primero hicieron o les asignaron como hecho; Siwel, proyecto de Luis Merino, no es una excepción. Si con su homónimo, allá por 2004, tenía el nombre de Elliott Smith presente en todos los lugares, con su segundo, Unforgettable Moments of Forgettable Times (2005, ZebraRecords), este hecho volvió a repetirse, lo que le ha causado en muchos casos un lastre en parte del público que le “rechaza” por asemejarse demasiado al cantautor estadounidense. Quizás ahora –los tópicos absurdos nunca se borran del todo–, con el cambio en el tercer largo, dejen de mantener tales prejuicios, y ver en el valenciano uno de los talentos futuros de la escena española.
Para este “cambio saludable” ha contado con amigos de discográfica, Luis Martínez le produce el trabajo y a su vez se trae a su banda (Euro-Trash Girl) para formar The Sweetlanders. Este hecho denota una variación en la concepción que Merino tenía en un inicio, de pasar sólo con su guitarra todo el álbum, a conseguir registros más rockeros con la banda de acompañamiento. Todo ello no conlleva a una reformulación completa, el folk característico de sus dos discos sigue presente, sólo que ahora se impregna de géneros como el country alternativo o el pop. Si antes Smith o Nick Drakeeran compañeros de referencias de Siwel, ahora entran también otros nombres como Damien Jurado, The Shins o incluso Death Cab For Cutie.
Buenas melodías dan cobijo a letras más maduras, en las que demuestra su dedicación trabajo tras trabajo. “10.27.05” abre con las guitarras para dejar al single “Debris” calmar el mínimo arrebato inicial con gran clase, firmando una de sus mejores canciones, y continuando con la pareja “6.05 p.m.” y “Underheart”, medios tempos en forma de balada rock y con el country alternativo presente. Ya hacia el final “Fifteen Days” consigue elevar el tempo general del disco, en contraposición a la intimista “Mr. Smile”, la que más recuerda a sus anteriores referencias.
En conjunto un buen disco para la reciente carrera de Luis Merino, variando lo hecho hasta ahora y prometiendo mucho con tan sólo 24 años. Poco a poco, si sigue en esta línea de casi disco por año, la calidad irá a más.
Es una alegría poder escuchar nuevo material de Tariksin tener que esperar ocho años más como pasó con Sequentalee (2005, Mushroom Pillow). Esta vez un contrato a cumplir, un mercado más abierto, una mayor difusión de su música, ampliando así el número de seguidores, hacen de Tarik uno de los compositores punteros en la actualidad. Ventas o no, él se vale de sus canciones para demostrar su valía.
El tópico de último disco-mejor álbum aquí sí puede verse. En apariencia estamos ante un nuevo disco pop y por tanto más de lo mismo, pero cuando se empieza a prestar atención se ve que nada es tan sencillo. Álvaro Muñoz consigue una riqueza de matices esquivando la canción fácil, el estribillo y la repetición de la fórmula. Se nota la cultura musical en la variedad de referentes, ya que lo mismo presenciamos la influencia de la bossa (“Fontaine, Fontaine”) que del indie rock de los noventa (“La Ascension de Lupo”). A lo que el cordobés dota de buenas letras, enigmáticas en muchos casos, creando la incertidumbre por el significado de algunas de estas. Pese a que el inglés le resulte más fácil para cantar, recurre al español por completo en los diez cortes del álbum, amparándose en que el oyente de por aquí sólo reacciona emocionalmenteen su idioma.
Ha sido grabado en el estudio de sus amigos Los Planetas, y contando ya como miembro estable con el batería de estos, Éric Jiménez. Es con el grupo granadino con quienes más se acerca en determinados temas al compartir las mismas influencias, pero intentar acercar a Tariky su fábrica con algún grupo en concreto es en vano, cada canción tiene su sello personal. Así “Antes de la Niebla” con unas guitarras más crudas que de costumbre, y una melodía donde se recrea, suena diferente a todo lo anterior de su repertorio; “Nadador” se encuentra en esta misma línea sorprendiendo con el final instrumental; “Tormenta Esta Noche” es un himno pop que no se despega de la cabeza al igual que “Agosto, por Ejemplo”; y donde se resume la filosofía del disco es en “Vuelta a Los Colores”, en la que la letra nos deja versos como: “No más sumisión, no más religión, que ya está bien de sermones. No quiero más dogmas, rechazo las normas, porque vuelvo a los colores”.
Engancha, es alegre, y tiene la magia del pop de genios como Costelloo Ray Davies, de los que tanto ha bebido con anterioridad. Otro buen disco para la discografía de Tarik y la Fábrica de Colores.
Segunda entrega del grupo afincando en Mallorca formado por Juan Feliu y PascaleSaravelli. Se presentaron al mercado con un gran debut homónimo hace ya cuatro años y desde ese momento no han parado de crecer. Despertaron el interés tanto de crítica como de público, y no contentos con ello exportaron el disco a diferentes países en los que siguieron recibiendo alabanzas. Países donde es difícil hacerse de notar, y en los que la música procedente de España tiene escasa, por no decir nula, presencia en el mercado. Desde Gran Bretaña a EE.UU. pasando por Francia, de donde es originaria Pascale Saravelli. La gran baza con la que cuenta el dúo es la atemporalidad de su música, la facilidad con la que atrapa al receptor, y sobre todo, con lo universal de su propuesta.
Se mueven en una frontera cada vez más confusa y difuminada, donde el pop deja paso a la electrónica y viceversa. La tranquilidad del downtempo está presente en todas las canciones del disco,en ocasiones hay titubeos hacia un lounge suave y en otras es el post-trip-hop el que influencia las bases. En Vacabou(2003) la presencia de Portisheadera mayor, dejando de lado el componente oscuro de la banda de Bristol sí que derivaban a registros parecidos, sobre todo en la concepción de la voz frente a la melodía. Twelve Songs Inside por el contrario se sitúa en terrenos más cercanos al pop que a la electrónica.
Lo que no cambian es la delicadeza con la que abordan la música. Es en este aspecto donde el disco adquiere el gran nivel que contiene. Canciones como “Febrero” o “Someone, Somewhere” demuestran el porqué levantó tantos elogios su anterior disco. Alegre y cuidado a la vez, el resultado conmueve a cualquiera. En “The Earth (Just Without Us)” Juan Feliu es quien toma el protagonismo en las estrofas, dejando paso en el estribillo a su compañera de reparto recordando así los grandes duetos de los 70 a dos voces. Junto a este tema destaca “Musco Memerois”, lento, pausado y oscuro; y “Time Zone Trip” en el que el lounge se mezcla con tempos rápidos y pausados.
Un desarrollo muy cuidado desde el principio hasta el final. Desde el diseño físico del trabajo, el cual ya merece la adquisición y unos cuantos elogios a FCM Darder por la gran obra hecha, a la sensación de tranquilidad que transmite el disco en constantes escuchas. Y algo muy destacable en un género donde no se suele dar: las letras compaginan a la perfección con la melodía y la voz, no son mero trámite que se unen con los beats de una base constante. Colores y sensaciones como los elementos que construyen el diseño, muy recomendado para disfrutarlo.
Desconocida para muchos, la música de The World/Inferno Friendship Society es una de las propuestas más eclécticas de los últimos años en Estados Unidos, donde cuentan con un gran número de seguidores. De primeras sorprende su sonido, más si nunca habías oído nada de ellos o de alguien parecido. Esta sorpresa se va transformando en alegría cuando los ritmos de sus canciones se van haciendo más similares.
El eclecticismo del grupo de Brooklyn queda latente a la hora de acercarse a ellos, la mezcla que elaboran se nutre de géneros muy bien combinados entre sí para transmitir un ritmo bueno, y en cierto modo fuera de lo corriente.Desde la música folklórica irlandesa hasta el punk, y entre medias circo, cabaret, indie rock y todo lo que lleve cierta vida en la melodía. Para esto cuentan con un gran número de miembros consiguiendo la riqueza instrumental entre guitarras, violines e incluso campanas y la mezcla entre variantes del saxo (tenor, alto y barítono).
En cuanto a la construcción del trabajo las referencias son otras, los primeros 70 con óperas conceptuales como Tommy(1969) y Quadrophenia(1973) de The Who, o The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars de Bowie (1972), sólo que en este caso el punto de atención se centra en la figura de Peter Lorre, conocido actor húngaro principalmente por su papel en M (1931), del cual repasan toda su vida, y le dedican el subtítulo del disco: Peter Lorre’s Twentieth Century.
Para dicho repaso qué mejor que una obertura fiel al estilo del vals europeo, con los violines creando una gran melodía, y variando el ritmo con la regrabación del tema “Pete Lorre”, ya publicado en Just the Best Party (2002), al igual que “Heart Attack ‘64”. Dicha combinación de parte lenta y una potente subida deja claro cuáles van a ser las intenciones de las siguientes canciones. Otra de las más destacadas se halla al inicio, “With a Good Criminal Heart” sigue la estructura de la anterior con breaks que varían el tempo, con Jack Terricloth haciéndose él solo con el tema, y con una gran melodía final. Es con la llegada de “Ich Erinnere Mich an Die Weimarer Republik” donde está el momento álgido del disco, puro ritmo que por momentos podría verse como una buena aproximación al ska. Anteriormente “‘M’ Is for Morphine” relata la adicción de Lorre con esta droga lo que le acabó llevando a la muerte tras una depresión.
Por otro lado no todo suena tan fresco como las mencionadas, “Everybody Comes to Rick’s” puede repetirse salvo el solo de la guitarra, al igual que le ocurre a “Thumb Cinema” que no alcanza el gran nivel de las anteriores pese a contar con una buena letra.
El cierre lo dan la homónima al disco, la más melancólica de todo el trabajo, y “Heart Attack ‘64” con el clarinete y acordeón recordando, como no podía ser de otra forma a la hora de cerrar el trabajo conceptual, la muerte de Peter Lorre y su mensaje optimista.
Un trabajo que sorprende, con el que The World/Inferno Friendship Society mejoran su sonido firman un gran disco y se unen a la difícil tarea de crear un álbum conceptual sobre un personaje tan peculiar. Todo un acierto.
Ya pueden surgir varios estilos revisionando o planteando nuevas alternativas, que cuando un nuevo disco de funkbien hecho llega, no hay quien lo supere. Para los amantes a este sonido hayotro (gran) nombre que apuntar para seguir sus pasos, son The Right Ons, grupo madrileño, quienes presentan un single de adelanto a su primer álbum 80.81 (2007).
La calidad es muy notable, más si tenemos en cuenta la escasa presencia de grupos de este estilo por nuestra escena. Uniéndose al espacio ya abierto en los últimos años por Toxio Sex Destruction pero sin derivar tanto al rock como los admiradores de R. J. Sinclair. The Right Ons prefieren encontrar el ritmo fuerte del género rock en el soul imparable de Sly & The Family Stoneo la locura de The Famous Flamesy posteriormente de The J.B.’s. Actualmente la propuesta también podría relacionarse con el funk-rock de The Bellrays, grupo del que fueron teloneros habiendo transcurrido escasos meses desde su formación. Al igual que con Toxio Sex Destruction, les falta una carga más rockera y en este caso la gran voz femenina de Lisa Kekaula, para asemejarse a ellos. Pero es ahí donde radica la genialidad de estas canciones, que suenan a muchos y a la vez a ninguno en concreto. No cuentan con ningún saxo o trompeta que les defina de forma clara en el estilo, no hay grandes voces que asimilen el timbre negro, ni siquiera el bajo goza de instrumentales extensos en los que derivar a un ritmo imparable; pese a esto, casan todos los elementos para hacer de su sonido algo fuera de lo normal y con gran calidad.
Las voces de Ramiro Nieto y Álvaro Guzmán dan buen juego a los temas, aunque a veces se pide quizás unas variaciones mayores; estas son compensadas por Rafa Fernández y Juan Rodo, quienes también añaden su parte como backing vocals. El ritmo “Do Your Thing, Babe!!!” recae en el juego de las diferentes partes, desde el intercambio de voces agudas y graves, hasta los punteos de la guitarra, y la harmónica levemente distorsionada. Es en el tramo final donde el ritmo aumenta entre instrumentales y coros. La otra joya que podemos escuchar es “Shake, Shake, Shake”, canción inédita sin publicar en el álbum. En ella el bajo recupera un riff típico que hipnotiza desde el primer momento, dejando a las partes instrumentales todo la carga llevando el nombre del tema a la práctica.
Sólo dos canciones, pero qué dos canciones, una auténtica maravilla para disfrutar a la espera del álbum que ya está llegando, creciendo poco a poco con el boca a boca y los directos del grupo, como realmente un artista demuestra la calidad de su sonido. Ya lo decía James Brown: “Get Up!.”
Declarada es su afición por no quedarse estancado en un género, el israelí Guy Gerber vuelve a escena rematando lo que podría ser su mejor año desde que en 2002 Alternative Route Recordings le diese la oportunidad de publicar Electric Mistress. Tras la salida de su gran debut en largo con su habitual label, Cocoon Recordings, y las consiguientes alabanzas que Late Bloomers (2007) trajo consigo, retoma la publicación de otra referencia para su propio sello, Supplement Facts. Anteriormente ya nos había deleitado con dos bombazos bajo este label, This is Balagan (2006), y MySpace (2007), con el tema homónimo levantando al más perezoso del asiento para bailar. Ahora, cumpliendo con sus intenciones, varía el rumbo de nuevo. Ya no hay la potencia del techno de su última referencia, sino que es el minimal house quien vuelve a contagiar todo su sonido. Y qué mejor compañero que Chaim, con quien trabajó en MySpace, para ayudarle en este 12”. Abriendo está “Saltamonte” en la que un dub muy marcado se hace dueño de la base consiguiendo entremezclar a la perfección ritmos más agudos por encima de él. El segundo tema es “Milkyway” un poco por debajo del anterior, donde es más relajado el sonido, y con Gregor Tresher o Carl Craig como referentes. Cerrando con buena nota el año, Guy Gerber recordará 2007 por el gran nivel que ha mantenido y por la constante actividad a la que se ha sometido.
Entre la duda y la confirmación, intento ver algún detalle que antes no he apreciado, que he dejado de lado y que en posteriores escuchas podré contemplar, pero por más que lo intento no hallo ese detalle, nada que me haga entender este disco. No, no se puede mentir, aquí no hay otra cosa que más de lo mismo. ¿El sonido? Anodino.
Aparentemente lo que nos íbamos a encontrar según los grandes textos que las discográficas suministran como cortinas de humo camufladas, era un sonido entre Radio Futura, Stone Roses y nada menos que David Bowie. La cosa pintaba bien, parecía un disco pretencioso, si tenía sólo un ápice del talento de los Auserón, la potencia de los británicos y la clase de Bowie, como mínimo sería disco del año, pero es que las cosas no son tan fáciles como simples referencias en un papel. Aquí los nombres más semejantes son Pereza, Pignoise, o cualquier grupo que tire de lo estereotipado mil veces sin aportar ni un solo ápice. Las melodías son todas iguales, con guitarras distorsionadas que no varían en absoluto de una canción a otra, la batería dando la lata y la voz de Diego Lunático poniendo la guinda al agrio pastel. Lunático es el líder del proyecto, anteriormente en solitario como Diego Rivera, quien se pone el traje de gala igual que si se pusiera un uniforme, la nueva formación sustituye al grupo Maya quienes ya le habían acompañado cuando giró bajo el pseudónimo de Lunático.
Las diez canciones cogen el rock y se tiran a la piscina. Abusando de estribillo en todas ellas, la repetición de escuchas puede convertirse en algo soporífero. Aunque lo mejor está por llegar cuando Lunático demuestra su gran voz en unos agudos mantenidos en “Mi meteorito favorito” y en “Mi mente no soporta mis pasiones”. ¿Algo que rescatar? Pues no, si bien algún comienzo que se tiende a pensar que no caerá en un simplón estribillo, pero es en vano porque dicho y hecho, cae. Así “La serpiente de mi boca” por lo menos tiene algún amago de chulería, “Demasiado cerca no interesas” en la estrofa promete más de lo que finalmente es, y “Fin de la transmisión” es el punto álgido, cuando suena “hemos llegado al final de la transmisión” las ganas de vivir retoman en el oyente, y corre a la estantería para ver si Bowie se ha cambiado de chaqueta, por si Stone Roses no son esos melenudos que tanto admiraba y La ley del desierto, la ley del mar(1984) es aun hoy mejor de lo que intentan vender algunos grupos españoles.
Calma, una predisposición notable y un ambiente adecuado en el que escuchar con atención, es lo requerido para acercarse a este disco. No es un disco fast-food de los que priman estribillos pegadizos, riff bailables y voces adulteradas, de los que te alegran el día sólo escuchando un primer compás. Aquí vemos una variedad de matices reformulando un sonido que les lleva a estar en tierra de nadie. Ellos dicen hacer “orchestral garage rock”, aunque parte de razón llevan, el término es más bien un conglomerado para intentar definir un sonido que intenta separarse de lo cotidiano. Tomando como punto de partida el post-rock deciden introducir un elemento para mejorar lo hecho hasta ahora: la orquestación de su sonido.
Algo que gente como Sigur Rós o Radiohead llevan hacia campos de desvaríos electrónicos, consiguiendo una música tranquila, y a su vez repleta de magia. En el caso de A Whisper in the Noise la cercanía a la banda de Thom Yorke con canciones como “A New Dawn” puede verse de forma notable, sólo que los de Minnesota prefieren evadirse en arreglos de cuerda y el uso de backing vocals antes que en samplers electrónicos. Predomina el concepto de construir la melodía a partir de lo simple en apariencia, así el piano de West Thordson, alma del proyecto, está omnipotente en casi todas las canciones del disco sustituyendo a las guitarras que suelen tener la hegemonía en este tipo de género.
La frontera hacia un sitio concreto se rompe en casi todos los lados, “In Will” es el ejemplo de ello cuando los arreglos de cuerda y la voz de Thorsdon, rememoran la música tradicional árabe entre la neblina oscura del tema. A los hilos de la producción tenía que haber un genio para conseguir este sonido, Steve Albini es quien vuelve a ayudarles tras su primer LP Through the Ides of March (2003), para el cual sólo necesitó dos días en el estudio. El sonido ha sido muy pulido en comparación con sus anteriores referencias, veíamos más experimentación en su carta de presentación, derivando aun sonido más claro en As The Bluebird Sings (2006) y con Dry Land se ha conseguido mezclar todo lo recorrido hasta el momento.
Nos encontramos con un inicio muy bueno, donde están las mejores canciones del disco. Cuando llega a “Armament” el resultado baja un poco, quizás por la escucha de lo anterior, o porque es un disco para escuchar en pequeñas dosis y no una tarde entera. Pero lo cierto es que la melodía de la mencionada parece escuchada con sus predecesoras, “Beauty’s Grace” intenta tirar demasiado de un mínimo piano sin éxito y “True Love Will Find You in the End” parece más bien una prueba que una canción al nivel de “As We Were” o “Awaken to Winter”.
Un trabajo para escuchar cuando, cansados por la repetición de determinados sonidos en el mercado, buscamos algo fresco. Despacio y tranquilo, quizás con el tiempo la calidad que lleva cada canción mejore su apreciación, mientras por ahora, mejor en pequeñas dosis.
Oscuridad es el adjetivo que mejor resume el trabajo de iLiKETRAiNS. Para su puesta en largo han decidido seguir con este calificativo adquirido anteriormente con sus singles y su primer EP. La diferencia ahora radica en la calidad, si antes sonaban dentro del molde clásico del post-rock oscuro e intimista, ahora la gama de matices varía más, aunque sin llegar a separarse del género.
Progress – Reform (2006) supuso para los amantes de este sonido un descubrimiento al que añadir en su discoteca particular. La cercanía a Godspeed You! Black Emperor era palpable y muy agradecida, grandes solos instrumentales que llegaban al punto álgido del tema y rompían sin dilación. Ahora los de Leeds han fichado para el label inglés Beggars Banquet tras pasar por Fierce Panda Records. El fichaje demuestra la calidad del proyecto ya que el catálogo de Beggars no es precisamente de bajo nivel, a lo que va unido la relevancia que han llegado a conseguir iLiKETRAiNS siendo portadas de publicaciones tan dispares como NME o Financial Times. Por los pasos dados hasta ahora la publicación en largo sólo podría traer buenas noticias si continuaban con lo hecho.
El resultado es soberbio, ya no sólo desde el punto de vista del género, sino como obra artística. Goza de todos los componentes necesarios para ser disfrutada sin cansarse de ella. Desde el diseño del trabajo, donde se apuesta por la unión entre dibujo y cartón para proteger al disco, hasta la carga histórica de las letras. Estas últimas conjugan un álbum conceptual formando un manual con el que intentar ayudar al ser humano a que no caiga en los mismos errores históricos que hasta ahora ha ido repitiendo cíclicamente.
Así nos encontramos con grandes acontecimientos pasados, desde los juicios de las brujas de Salem (“We Go Hunting”) hasta la huida de la primera persona de la República Democrática Alemana (“Come Over”), pasando por la plaga bubónica que llegó a Eyam tras extenderse por Londres en 1965 (“We All Fall Down”). La intención por parte de los de Leeds de conseguir transmitir una enseñanza con estos temas, carga de valor añadido a cada canción por encima de letras banales en las que el valor es mínimo frente a la melodía. La única pega con la que podemos topar es la constancia en la voz de David Martin, es casi nula la variación de su tono durante todo el disco. Mantiene el fraseo en todas las partes igual, no hay ningún verso, por mucha carga dramática que lleve, que sea entonado diferente. Resultado que no empaña el conjunto, pero si hubiese sido diferente quizás estaríamos ante una obra de mayor calidad.
El punto álgido es conseguido al final, con el recuerdo al único primer ministro británico asesinado, “Spencer Perceval”. Son nueve minutos donde se crea una atmósfera en la que diferentes ritmos van entrando y variando el sonido, solemne tras un inicio apagado y una mitad en la que la mecha explota como anticipo del final instrumental en el que la batería y las guitarras tienen el dominio.
El resto de las canciones varían entre tempos más movidos y otros calmados, teniendo casi todas un final potente con el que rematar sea cual sea la melodía previa a ello. “We All Fall Down” consigue un inicio increíble, el cual “The Deception” mantiene dando una visión pesimista del mundo acrecentada por “Death of an Idealist”, dejando la temática para que “Death Is the End” ponga el remache final para cerrar el conjunto. Un conjunto que bien recuerda a The Black Heart Procession o a Sigur Rós, con el que la presentación de iLiKETRAiNS no sólo mantiene la calidad demostrada hasta ahora, sino que se convierte en otro grupo a seguir dentro del género.
Nueva referencia, y va otra más, proveniente de la tierra de la hoja roja que es cogida por una discográfica inglesa para ser lanzada al mercado europeo. One Little Indian se adelanta y se hace con Land of Talk reeditando su EP de debut añadiendo tres canciones extra.
El trío liderado por Elizabeth Powell, una conocida songwriter de Ontario, quien consigue desarrollar su talento, tras varios intentos fallidos en solitario, poniendo voz a un grupo donde las guitarras gozan de libertad total. Junto a Chris McCarron al bajo, y Bucky Wheaton, tras sustituir a Eric Thibodeau, a la batería, logran firmar un debut interesante en una línea bastante manida en los últimos años.
Se pueden ver los mismos referentes de siempre. Unos riffs y melodías cercanas a Sonic Youth y Dinosaur Jr. pero por suerte hay distinciones respecto a cualquier grupo británico o estadounidense que tanto reformulan lo existente. Land of Talk al contar con la voz de Powell deja ver algún indicio que les acerca a grandes solitas femeninas como los inicios de Cat Power o la parte más accesible de PJ Harvey.
Y a lo que no estamos tan acostumbrados por estos terrenos, la similitud en el timbre de la líder con Nina Persson (The Cardigans) es a veces sorprendente, sobre todo en las que baja el tempo y derivan al pop. Subiendo la media se sitúan el trío formado por “Sea Foam”, “All My Friends” y “Street Wheels”, las tres con aíres de hit en cuanto se presentan los primeros compases.
Buenos cambios en el tempo guiados con unas guitarras y una voz que se amolda en los agudos sin fallos. El resto mantiene el tipo bajando un poco con “Summer Special”, donde no cuaja del todo la fórmula pop entre su sonido, y en “Magnetic Hill” con demasiado estribillo sin atractivo.
En conjunto, un disco que añadir al género y con el que disfrutar sin llegar a obsesionarse con él. Un buen trabajo más importado de Canadá.
Cuarto largo para Caribou, aunque oficialmente, y más en el terreno de la electrónica donde el alias es el sonido, es su segundo LP tras haberse cambiado el nombre de Manitoba por causas legales. El canadiense Daniel Snaith vuelve a retorcer lo hecho hasta ahora, vuelve a reformularse evitando repetir un sonido en cualquiera de sus canciones. Si en unos comienzos con Start Breaking My Heart (2001) Manitoba veía la frontera del ambient y el downtempo próxima a su música, cada referencia nueva ha ido eliminando esos campos. En el caso del downtempo se mantuvo más la estela, pero con Andorra ha habido el stop definitivo; desprenderse del calificativo de lento para pasar a un dinamismo puro, alegría, y gozo en cada tema.
En apariencia es lo que transmite Snaith con su nuevo trabajo, evitar caer en melodías reiteradas en unas bases suaves siendo sustituidas por un conglomerado de instrumentos que él mismo toca. No hay que olvidar su formación matemática, su padre es una eminente figura dentro de este campo, y su hermana va camino de ello, casualmente Snaith se licenció hace unos años de la misma rama, siendo la música un fiel reflejo de este campo. Inicialmente las cifras que la discográfica suministra son de 670 canciones compuestas para Andorra,de las cuales sólo nueve han pasado a formar parte del disco, verdad o mentira (¿es acaso relevante?) la elección del esqueleto del trabajo es perfecta. Bien podríamos hablar desde el inicio hasta el final, nada hace que caiga la escucha en un comienzo soberbio para aburrirse con un final de relleno como en muchos casos pasa. Aquí vemos la mezcla entre grandes temas y otros más simples y anodinos, dejando el último puesto, la nota final, a la mejor canción del largo. Con “Niobe” Caribou puede optar sin duda a una de las mejores canciones de electrónica del año, sus casi nueve minutos son la ensoñación llevada a la canción, entre un tímido inicio y una voz, deja paso a un juego de subidas y bajadas que vuelven loco a cualquiera. Pero antes de quitarse el sombrero ante él “After Hours” se ha quedado por el camino, alegre como ninguna sabiendo conservar un halo oscuro a su vez; “She’s The One” bebe del pop californiano electrificándolo, labor para la que se ayuda de Jeremy Greenspan (Junior Boys); las restantes mantienen el nivel, con un inicio del trabajo pegadizo (“Melody Day” adrenalina pura) y en la recta final más lento con “Sundialing” la cual atrapa y no deja libre.
Un gran trabajo, ya que el pabellón estaba muy arriba tras The Milk of human kindness (2005) pero Andorra ha sabido mantenerse firme, sin necesidad de superarlo al ser sonidos diferentes. 28 años cuenta Snaith, dos grandes obras a sus espaldas ya, y lo que le queda…
La madurez por estos terrenos supone encontrar la unión sólida entre buenas letras y melodía. Una vez hecho esto el juicio personal de cada persona puede entender si está o no conseguida esa supuesta madurez. Tras haberlo pensando podría llegarse a la conclusión de que es absurdo valorar un trabajo por si es más maduro que lo anteriormente hecho, lo único que tiene que haber en el disco es un buen sonido; maduro o inmaduro, eso ya es indiferente. Las letras pueden hablar de amores, de una visión del mundo filosófica o de temas existenciales propios de una clase media acomodada, pero si la música es monótona bien pueden quedarse con su madurez que otros preferimos el conjunto imperfecto.
La empresa discográfica estadounidense ha encontrado un target sobre el que incidir y al que vender el producto de otra manera. Bajo términos como “adult alternative” engloba un sonido que bien podría colarse en series como Anatomía de Grey como pasar a ser grupo de culto. Pinback refleja otro ejemplo más de esta oferta, tras dos discos bajo Ace Fu Records (la misma discográfica que dio la oportunidad a Kaiser Chiefs, The Dears o Ted Leo) sin nada que ofrecer respecto a otros grupos, Touch and Go Records les ficha y se nota el cambio para “Summer In Abaddon” (2004).
Ahora, tres años después dicen haber sacado su obra más madura, donde el sonido está más pulido, retocado. En conclusión, una producción casera en el estudio del multiinstrumentista Zach Smith (también conocido con el humilde nombre de Armistead Burwell Smith IV) que poco tiene de ello. El resultado es un sonido monótono, sin fallos eso sí, donde las guitarras y los bajos casan a la perfección con la batería y los teclados, pero sin dar un paso más que les haga atractivos. Se espera en algunas canciones el momento en el que rompe la melodía y es en vano, porque ya sea derivando a registros suaves o en una línea más aguda, no hay nada que trastoque el conjunto. Los artífices del proyecto, Rob Crow y Zach Smith, son los que intercambian las voces para conseguir ese sonido tranquilo que se desprende de las doce canciones.
Un resultado formal para un disco que bien puede sonar de fondo y dejar indiferente a cualquiera, melodías cuidadas, y un sonido templado. Con una frontera mínima entre el pop y el rock, con canciones brillantes como “Bouquet”, “Walters” o “Barnes”, y con una percepción final de haber escuchado otro disco recto en sus formas, pero frío a la hora de transmitir algo. Si quieren englobarse con grupos como Death Cab For Cutie o Yo La Tengo, la distancia sigue siendo enorme, casi inalcanzable. Mientras la imperfección e inmadurez de otros grupos sigue atrayendo más que éste manierismo alternativo.