Quizás las primeras impresiones sean equivocadas, pero nadie puede evitarlas, sino no serían primeras impresiones. La música de Los Vengadores tiene ese aspecto que puede causar un frenazo por estos primeros impulsos. A quien no le guste Melón Diesel (tiempo ha), toda la onda de Pereza y demás grupos, con Los Vengadores lo tiene un poco difícil ya que su música gira alrededor del pop/rock español característico de los últimos años.
Los Vengadores no tienen nada que ver con la mítica serie de los 60, es un grupo de Madrid que ahora presenta su segundo disco con Universal tras Sí. El sonido está bastante trabajado (detrás de ellos se encuentra Fernando Montesinos, productor de bandas como Pereza, El Hombre Gancho, La Pulquería…) pese a que las canciones se hacen un poco repetidas una tras otra, en las que las letras de amor y desamor se suceden con apariencia de mini hits vía 40 Principales.
Como decía DJ Yoda en la Rockdelux de mayo, de todo se puede sacar algo de provecho, y aquí el tema que más destaca es “Si No Vuelves Hoy” donde la combinación con los coros está bien lograda y el ritmo igual. Quizás “Verde” también se destaque algo más del resto con la voz de Coque Martín más tranquila.
Pero otros temas como “Perdón” o “Nadie Como Tú” son la repetición de lo mismo todo el rato, bien hecho sí, pero falta una mejoría en las letras que parecen las típicas cartas de amor de un adolescente a su novia. Canciones con estribillo y ritmo fácil, que tendrán en determinado público una buena acogida.
Si se busca el significado de Uke, uno se encuentra con lo contrario transmitido por la música. Uke es un término usado en el mundo del manga para designar a las personas pasivas en una relación homosexual. Ahora si se atiende al componente musical se percibe todo menos la pasividad de sus elementos. Más bien lo que se transmite con ella es la sencillez desde el minimalismo y la tranquilidad de éste.
Laura Soriano y Roberto Martín son los dos protagonistas que están detrás de Uke. La manera de abordar las canciones se entiende mejor si se ve la experiencia previa de Roberto con Niza, donde el pop se convertía en pequeñas y delicadas composiciones; pena de su separación en 2004. Desde 2005 empieza a andar el nuevo dúoy Jabalina les ficha rápidamente para publicar su EP Boreal (2006, Jabalina). Una gran presentación que prometía.
Ahora en su primer largo, el grupo parece construirse sobre sí mismo desde la elección del título homónimo. Se puede ver alguna que otra influencia o similitud, como Yann Tiersen o Pascal Comelade, pero detrás de ellos hay bastante cultura musical, desde el jazz hasta la electrónica, con el downtempo y el ambient como géneros donde esparcirse.
Ganan en la creación de melodías soñadoras y atmósferas únicas, canciones que no se unen a ninguna moda o sonido concreto, sino que se establecen en sus propios elementos y se disfrutan por completo al obligarte a percibir cada matiz y sensación transmitida. Son como los buenos libros que te hacen implicarte dentro para descifrar los distintos significados, Uke plantea en cada corte varios niveles de sonido que descifrar e ir distinguiendo del resto.
“Puntillismo” es un comienzo perfecto, desde la leve percusión y la cuerda, hasta la tranquilidad que transmite. “No Somos Bolcheviques” presenta, no sólo a Uke siguiendo la tradición de la música del Este con el acordeón, sino la gracia en cada título (después vendrán “Uke Y La Masonería” o “Piedra, Papel, Tijera”). “Sístole” se va a terrenos electrónicos donde cualquier sonido puede ser introducido para complementar a la base, en este caso, como posteriormente en “La Rosa de los Vientos”, una lata de refresco abriéndose es el elemento que añade la distinción al único tema donde las voces juegan el papel más importante. También en esta línea está “Mesa De Tenis”, aunque la lata es sustituida por una pelota de ping pong, como hizo Javi P3z Orquesta en su Sports (2004, Hitop Records).
Una puesta en largo cuidada y trabajada, apostando por un sonido agradable y firmando un disco con el que disfrutar sin pensar en que eso ya lo has oído anteriormente en otro grupo.
Para un seguidor incondicional de Stereolab, que dicho proyecto se diversificase en varias ramas, sin que por ello perdiese la estabilidad y la creatividad el núcleo madre, fue una noticia muy bien recibida. Cualquiera escisión como grupo paralelo guarda un buen recuerdo si goza de unos mínimos, y cuando en 1996 Lætitia Sadier decidió crear una nueva vía a la vez que la del grupo británico, las expectaciones estaban creadas.
El primer álbum, Socialisme Ou Barbarie (2003, Duophonic), se presentó en forma de recopilatorio, juntando todas las canciones que Sadier había hecho hasta ahora. Ya en 2005 llega su esperada carta en largo, y tantas expectativas a veces no son buenas. A Few Steps More (2005, Too Pure) sonaba demasiado Stereolab y, aunque poseía cierto atractivo, no acababa de convencer como gran disco. Así que se veía más a Monade como grupo de “matar el tiempo” con buenas canciones pop, pero poco más. Y ahora esta concepción cambia rotundamente. Monstre Cosmic no sólo gana con varios cuerpos de distancia a su predecesor, sino que se sitúa entre los mejores discos de pop de un tiempo a esta parte.
Lætitia Sadier ha sabido conducir muy bien las influencias que tenía en su cabeza, cada vez se aleja más del pop particular establecido por su proyecto principal, para aproximarse a una mezcla entre estos posos desde géneros como el downtempo o el acid jazz, e incluso la brasileira. El pop ahora se ve cercano a la chanson debido al origen de la líder y su preferencia por el francés a la hora de las letras, así Monade gana en riqueza de géneros, sin establecerse en ninguno por entero y sin dejar de beber de aquí y allá.
La diferencia esencial con su primer disco se ve en la solidez que guarda Monstre Cosmic, si antes eran cancionespopque podías escuchar en varios grupos del momento (véase Saint Etienne y compañía), ahora la parte melódica se consolida a favor de una diferenciación mayor del simple pop. Los arreglos de viento son mejores y más cuidados, las melodías no se limitan a un simple hilo continuo, sino que tienen sus cambios y casi ninguna permanece estática. Prima más la elegancia de terrenos jazzy que el efectismo del pop.
Un buen ejemplo de esto es “Étoile”, nada más abrir el trabajo nos damos cuenta de todo lo que se puede esconder tras una carátula tan poco acertada (no se puede tener todo al parecer). Pausada y con leves subidas que no acaban de culminar para darle el verdadero protagonismo a la voz inigualable de Lætitia Sader. Aunque esta primera canción nos pueda parecer lenta, el resto del trabajo no mantendrá esta misma temática, si bien “Change of Destination”, la cual cierra el disco, puede semejarse más a ella, el resto prefieren los ritmos más alegres.
“Entre Chein et Loup” puede estar en la frontera comentada, pero cuando a la mitad del tema se da el parón y cambia de ritmo, ahí no hay quien la pare dándose cierto toqueteo funk. Y junto con ella, otra de las mejores es: “Elle Topo”, con unos partes rápidas y unos breaks muy pegadizos. Tema tras tema va hipnotizando, “Lost Language” guarda la relación brasileira y pop que artistas como Bebel Gilberto han sabido desarrollar tan bien; “Regarde” apuesta por la variación de la voz estilo chanson cercana al susurro muy sensual; e “Invitation” es otro de los momentos álgidos, con un inicio muy tranquilo y una variación posterior acertada. Monade consigue firmar su disco a la altura de la calidad de sus miembros, evitando tanta dependencia de sus orígenes. Un disco pop que abre 2008 en plena forma, aunque corre el riesgo de ver si alguien se acuerda de él cuando finalice el año…
Si hay algo que se ha dado bien por este país es tomar prestado una fórmula del extranjero y reconvertirla según un momento histórico, unas inquietudes personales o por diversos motivos. Se da así un sonido propio de por aquí pero muy influenciado, casi dependiente en su totalidad del foráneo aunque siempre con la gracia que ha hecho disimular, e incluso a veces ocultar, el filtro por el que se está tomando la influencia. Además de este hecho se añade la tardía recepción de estas corrientes que por el mundo están siendo las de moda mientras que cuando llegan y son reformuladas la moda ha pasado hace tiempo. Desde toda la generación juvenil de los 60 con The Beatles a la cabeza (Canarios, Los Brincos…) hasta ahora con el post-punk (CatPeople, Vyvian, Layabouts…). Por aquí no ha dejado de verse un revival en condiciones con casi todos los géneros, y entre todos ellos destaca uno en el que los grupos españoles más han sobresalido, un revival que a falta de una generación tuvo dos, lo que vino a llamarse el re-revival modespañol. Kamenbert fue partícipe de la primera hornada de grupos entre el inicio de los 80 y finales de la misma década.
Por suerte para sus seguidores Flor y Nata Records, sello barcelonés con gran apoyo al movimiento, editó en 2006 una box set recogiendo todo el material disponible de los catalanes. Material remasterizado ese mismo año y que para bien o para mal, suena con un sonido pobre en muchos casos debido a la fuente donde se obtuvo, en su mayoría conciertos, pero que da a las canciones el sonido propio de su época. Si fuese un sonido limpio y claro la magia de estos temas pop estaría un poco en cuestión, ya que ni hay virtuosismo en las melodías ni en las voces. Recopilatorios como estos son de obligada publicación para evitar la desaparición de las canciones de los grupos, como bien dice Manolo Crespo en el libreto que ilustra y resume la historia de su grupo.
El material ofertado es de agradecer, 34canciones nada menos entre las que se incluyen las maquetas publicadas, el primer single para DNI, un tema de su mini LP Soul Nights (DRO, 1987) y un sinfín de directos desde el comienzo del grupo hasta su disolución en 1988.
Desde el primer tema hasta el último se ve el rápido desarrollo de Kamenbert pese a la corta duración del proyecto. En 1981 con la Movida, con grupos como Brighton 64 y Telegrama en Barcelona que ya habían iniciado su particular revisión, salen cinco amigos (Dani Prenafeta, Robert Pujadas, Xavi Pujadas, CarloCalderano y ManoloCrespo) de Castelldefels y empiezan a ensayar, a dar conciertos por la zona. Sería en 1983 cuando el sello efímero DNI les daría la posibilidad de publicar su primer 7” con dos temas directos, convertidos ya en himnos para muchos. La cara A estaría compuesta por el “Último Grito”, letra que se cumpliría años después; y la cara B por la fantástica “Tuve una novia psicodélica”. Dos de las canciones más emblemáticas de Kamenbert. Les seguiría “Terciopelo Azul” un año después dentro de su maqueta con el estribillo que ahora muchos recuerdan por Barcelona.
Esta primera etapa juega con la inestabilidad de la banda, salidas y entradas constantes de miembros que en vez de empeorar el resultado lo mejoran. Es un sonido más oscuro, más rudo, en el que está todo construido sin muchas florituras, sobre estructuras más o menos básicas. Este hecho cambia cuando MaikaVílchez sale de la banda, y la línea vocal pasa a formarse por tres chicas en vez de por una sola: Charo Boix, Mari Rodríguez y Mireia Cardeña son ahora las voces que darán más alegría a las canciones, con mejores melodías y mejores arreglos.
Anteriormente habían dejado más hits irrepetibles, la pareja formada por; “En la diana” “El negro es mi color”, dos composiciones directas con una gran letra. “Capitan Swing”en la que las trompetas van cogiendo el protagonismo que no dejarán hasta el final. Así firman en siguientes maquetas tres temas de lo mejor de la década: “Hey Baby”, “Underground de Mediodía”–letra de AlbertSalmerón, mánager del grupo–, y “James Martin”.
Luego ya empiezan los roces, la inestabilidad se vuelve más real que nunca, y en 1988 deciden separarse tras un concierto en Manlleu. Detrás habían dejado un contrato con DRO, una efímera popularidad en los 40 Principales, un tema pegadizo como “Mi Único Amor” ese mismo año de su separación, y todo un sinfín admiradores dentro de la escena underground (por aquel entonces era tal) de España. Kamenbert fueron, y serán gracias a este material, un grupo a recordar entre los mejores del movimiento mod español.
Algunos artistas tienen la mala suerte de arrastrar disco tras disco aquello que en el primero hicieron o les asignaron como hecho; Siwel, proyecto de Luis Merino, no es una excepción. Si con su homónimo, allá por 2004, tenía el nombre de Elliott Smith presente en todos los lugares, con su segundo, Unforgettable Moments of Forgettable Times (2005, ZebraRecords), este hecho volvió a repetirse, lo que le ha causado en muchos casos un lastre en parte del público que le “rechaza” por asemejarse demasiado al cantautor estadounidense. Quizás ahora –los tópicos absurdos nunca se borran del todo–, con el cambio en el tercer largo, dejen de mantener tales prejuicios, y ver en el valenciano uno de los talentos futuros de la escena española.
Para este “cambio saludable” ha contado con amigos de discográfica, Luis Martínez le produce el trabajo y a su vez se trae a su banda (Euro-Trash Girl) para formar The Sweetlanders. Este hecho denota una variación en la concepción que Merino tenía en un inicio, de pasar sólo con su guitarra todo el álbum, a conseguir registros más rockeros con la banda de acompañamiento. Todo ello no conlleva a una reformulación completa, el folk característico de sus dos discos sigue presente, sólo que ahora se impregna de géneros como el country alternativo o el pop. Si antes Smith o Nick Drakeeran compañeros de referencias de Siwel, ahora entran también otros nombres como Damien Jurado, The Shins o incluso Death Cab For Cutie.
Buenas melodías dan cobijo a letras más maduras, en las que demuestra su dedicación trabajo tras trabajo. “10.27.05” abre con las guitarras para dejar al single “Debris” calmar el mínimo arrebato inicial con gran clase, firmando una de sus mejores canciones, y continuando con la pareja “6.05 p.m.” y “Underheart”, medios tempos en forma de balada rock y con el country alternativo presente. Ya hacia el final “Fifteen Days” consigue elevar el tempo general del disco, en contraposición a la intimista “Mr. Smile”, la que más recuerda a sus anteriores referencias.
En conjunto un buen disco para la reciente carrera de Luis Merino, variando lo hecho hasta ahora y prometiendo mucho con tan sólo 24 años. Poco a poco, si sigue en esta línea de casi disco por año, la calidad irá a más.
Segunda entrega del grupo afincando en Mallorca formado por Juan Feliu y PascaleSaravelli. Se presentaron al mercado con un gran debut homónimo hace ya cuatro años y desde ese momento no han parado de crecer. Despertaron el interés tanto de crítica como de público, y no contentos con ello exportaron el disco a diferentes países en los que siguieron recibiendo alabanzas. Países donde es difícil hacerse de notar, y en los que la música procedente de España tiene escasa, por no decir nula, presencia en el mercado. Desde Gran Bretaña a EE.UU. pasando por Francia, de donde es originaria Pascale Saravelli. La gran baza con la que cuenta el dúo es la atemporalidad de su música, la facilidad con la que atrapa al receptor, y sobre todo, con lo universal de su propuesta.
Se mueven en una frontera cada vez más confusa y difuminada, donde el pop deja paso a la electrónica y viceversa. La tranquilidad del downtempo está presente en todas las canciones del disco,en ocasiones hay titubeos hacia un lounge suave y en otras es el post-trip-hop el que influencia las bases. En Vacabou(2003) la presencia de Portisheadera mayor, dejando de lado el componente oscuro de la banda de Bristol sí que derivaban a registros parecidos, sobre todo en la concepción de la voz frente a la melodía. Twelve Songs Inside por el contrario se sitúa en terrenos más cercanos al pop que a la electrónica.
Lo que no cambian es la delicadeza con la que abordan la música. Es en este aspecto donde el disco adquiere el gran nivel que contiene. Canciones como “Febrero” o “Someone, Somewhere” demuestran el porqué levantó tantos elogios su anterior disco. Alegre y cuidado a la vez, el resultado conmueve a cualquiera. En “The Earth (Just Without Us)” Juan Feliu es quien toma el protagonismo en las estrofas, dejando paso en el estribillo a su compañera de reparto recordando así los grandes duetos de los 70 a dos voces. Junto a este tema destaca “Musco Memerois”, lento, pausado y oscuro; y “Time Zone Trip” en el que el lounge se mezcla con tempos rápidos y pausados.
Un desarrollo muy cuidado desde el principio hasta el final. Desde el diseño físico del trabajo, el cual ya merece la adquisición y unos cuantos elogios a FCM Darder por la gran obra hecha, a la sensación de tranquilidad que transmite el disco en constantes escuchas. Y algo muy destacable en un género donde no se suele dar: las letras compaginan a la perfección con la melodía y la voz, no son mero trámite que se unen con los beats de una base constante. Colores y sensaciones como los elementos que construyen el diseño, muy recomendado para disfrutarlo.
No siempre la unión de talentos propicia material sobresaliente, a veces sólo se queda en lo correcto, o como se suele decir: en lo políticamente correcto. Githead es otro ejemplo de ello, la unión de Colin Newman (Wire), Robin Rimbaud (extenso currículum a sus espaldas como colaborador de Current 93, Coil o Nurse with Wound, entre otros, además de lanzarse en solitario y mil proyectos más), y los ex Minimal Compact Malka Spigel y Max Franken, no consigue enfatizar la escucha respecto a otros grupos. Lo extraño del caso es la gran trayectoria de todos sus miembros por caminos más o menos ortodoxos, rompiendo con lo establecido como sonido estereotipo, y que en Githead se hayan olvidado de ello. Puede haber algún atisbo de reformular el pop, pero al final es un pop que ya puede verse en cualquier grupo novel que cada día es alzado por cualquier discográfica.
No hay nada de malo en la línea marcada, un pop con breves dosis de fugacidad, pero sin decir nada, sin llegar a transmitir nada. El problema es que su primer EP, “Headgit” (2004), sí que tenía más brillo, poseía el paso adelante que su segundo largo se ha dejado en el aíre. Las canciones se acercaban a una buena mezcla con el rock, y ahora derivan a un pop con apariencia guitarrera cuando por desgracia son estribillos o estructuras ya esperadas las que se cuelan entre los temas. “On Your Own” (nada que ver con la canción de Blur) suena simplona y repetitiva, al igual que “These Days” o la simplona “Rotterdam” en un aparente intento por retomar algún ingrediente de la new wave. En otras les da por tirar a un rock más movido y el intento se agradece en comparación con el resto, “Drive By” no deja de ser el riff repetido pero con un resultado pegadizo, “All Set Up” igual pero en una línea cercana al pop, y “Space Life” o “Darkest Star” siguen intentando levantar lo posible el resultado aproximándose a The Cure y similares.
En conjunto es un disco más para escuchar y olvidar, de los que pones una vez en el stereo y no recuerdas hasta que no vuelves a ver su portada simple, sin mucho artificio, perdida entre los otros discos que sí merece la pena reescucharlos mil veces.
Jet Lag – Forever – BitterSweet Recordings – 2007 Nueva etapa, lo cual no significa un comienzo de cero. Los cambios en la formación de Jet Lag han sido una constante desde sus inicios, pero nunca había modificado el único puesto que parecía intocable: el cantante. Tras el abandono de Pablo García al finalizar la gira de presentación de su tercer largo el caos llegó y después de bastante tiempo de toma de decisiones, Jet Lag han vuelto con ganas. Ahora es Ramiro Nieto quien pone la voz a unas melodías más cercanas al pop como nunca lo habían estado en su repertorio.
Es un pop sencillo en apariencia pero que en la repetición de escuchas gana enteros hasta situarse a un gran nivel. Tiene lo bueno de este tipo de obras, la facilidad de entrada para un cierto público y el conseguir convencer con el tiempo a otro público más exigente, debido a una riqueza en matices que puede pasar desapercibida si sólo se escucha de pasada como a muchos grupos de este género.
Varían consiguiendo sonar con un sonido propio y a su vez bebiendo de gente como Brian Wilson, Teenage Fanclub o The Go-Betweens, de todos ellos la forma de acceder con clase al género más difícil puede verse en melodías como “Inside Out” que desbordan optimismo frente a una época que bien podrían haber dejado de existir como proyecto. Llama la atención que nada de esa incertidumbre se haya plasmado en el sonido, ya que suena más claro que nunca, y sólo en algunas letras o en algún mensaje en la cubierta del trabajo, se plasma el momento pasado. La producción sigue siendo de alabar con un Paco Loco en racha, que desde la publicación de “Amplifier” (2001) no ha dejado a la banda en ningún trabajo sola, ya ha pasado a ser un sexto componente como le suele ocurrir con muchos proyectos que tutela.
La elección de una canción sobre otra incumbe más a cada oyente que a una diferencia de calidad entre ellas. Todas tienen una mínima y es en el conjunto donde se ve el gran trabajo hecho. La pareja “Hate Will Make Us Free” y “Time Here Runs Too Slow” es impresionante, al igual que “My Own Personal Flight Attendant” con unas trompetas perfectamente elegidas para el momento. Hoy puedes escoger una y mañana preferir la siguiente, posibilidad que no pasa mucho por desgracia en otros trabajos. Jet Lag con “Forever” ha vuelto a demostrar que por estos lares son, si no la mejor banda pop de habla inglesa, una de las mejores.
Desde Nueva York como si estuviéramos en Manchester. La ciudad de las fábricas, de los barrios obreros, de la oscuridad y de The Hacienda, vuelve desde la otra parte del océano. Vuelve porque su interés se centra en los años ochenta, en esos inicios donde un amanerado cantante, de prominente tupé y de escasa vergüenza en sus actuaciones empezó a dar vida a uno de los grupos que más han influido en la música.
Éste hombre no es otro que Morrissey y sus Smiths, ya cuando se separa de ellos, en el 1987, evolucionará a un sonido más claro sin tanto hermetismo. Es la mezcla de ambos momentos en la que James Levy va a poner su atención para formar su sonido.
James Levy fue incluido dentro de la escena “anti-folk” con composiciones pop alegres, accesibles y unas buenas letras. Tras acompañar a Regina Spektor, Adam Green, Athlete o Razorlight, entre otros, Levy consiguió llamar la atención de One Little Indian y la discográfica le dio la oportunidad de grabar Rotten Love (2005) a través del cual fue conocido gracias a temas de la talla de “On the Dance Floor” o el que daba título al disco.
Dos años después se despega mínimamente de la figura de Morrissey pero siguen quedando resquicios suyos. Guarda la clase característica del pop de las Islas, el buen desenvolvimiento en sólo tres o cuatro minutos con el objetivo de contarte una historia de amor que tiene un perfecto acompañamiento musical de base, y todo esto con una voz buena, sin desprecio alguno por parte del oído.
Predomina un tempo moderado, baladas en su mayoría, como si el mencionado Morrissey le restase velocidad a Pulp, o a New Order le diese por los medios tempo sin tirar de samplers y sintetizadores. Introduce un acertado acompañamiento de cuerda en una de las más notables del disco, “Love and Pain”, un riff pegadizo al acelerar en “Lady Nicole” y en “Mint, y el clasicismo en la apertura con “Glorious”, la cual resulta ser un gran enganche para las posteriores.
Un trabajo bien acabado, de los que puedes recordar cada cierto tiempo debido a la calidad de él, el buen sonido y una clase implícita. Sí, no se confundió al poner el título al disco, toda una lección gloriosa por parte de Levy.
Cambio de tercio para el tercer largo de la madrileña Aroah. Ha cambiado desde la preferencia por su idioma natal (el inglés también lo es ya que su madre es estadounidense) hasta el sonido que acompaña a sus letras. Aunque suene a tópico, Aroah con la publicación de “El Día Después” ha dado un gran paso de calidad en su carrera que ya apuntaba alto y con que éste trabajo se le otorga una madurez y una soltura propias de una artista más cómoda con lo que hace. Ella reconoció sentirse insegura, y a la vez entusiasmada por hacerlo ya, al ir a grabar en español.
El cambio tiene que ser visto más allá de las letras, cuando se escucha su música se busca instintivamente a cierto músico español que se prodiga como productor, con un sonido propio, con una clase como pocos. Él es Raül Fernández, y su proyecto Refree tiene en “El Día Después” algo más que un sonido similar. Hablamos entonces de un pop diferente, con clase y elegante, apoyado tanto en versos como en arreglos musicales. Es un pop cercano al folk característico de Aroah hasta ahora, se enfrenta muchas veces desnuda sólo con su voz y algún instrumento como acompañamiento (“Nada”, “El Día Después” parecen auto convencimientos en determinados aspectos de ella misma), y en el lado contrario recibe los arreglos de Raül Fernández con la introducción de instrumentos de viento, trompeta, saxo o diferentes teclados que él mismo toca, los cuales se fusionan perfectamente con la voz de la madrileña. Lo que hasta ahora no podríamos haber imaginado en la discografía de Aroah lo vemos en “Cifras”, “Pequeña y verde”, en el tramo final de “La escala de las cosas”, con el toque jazzy movido gracias a los instrumentos anteriormente mencionados, además del sonido procedente por una batería jazzy en muchas canciones como base.
Las letras reflejan el día a día normal de cualquier persona (amor, desamor, problemas…) pero escritas desde otra óptica como artistas de la talla de Nacho Vegas o La Buena Vida saben hacer, el reflejo de la realidad de una forma artística evitando la monotonía. Un cambio sobresaliente que gustaría ver en siguientes trabajos –aunque lo más probable sea la vuelta al inglés por declaraciones suyas–, y que con éste estará sin duda entre los mejores discos del 2007 a nivel nacional.
Cuando un disco te entra por primera vez sin haberlo precedido de prejuicios de ningún tipo, ni negativos ni positivos, condicionando así la escucha, es que el disco es bueno. No hay más. Si el disco te atrapa con un ritmo sencillo pero bien elaborado y contagioso que hace que no pares de marcar el ritmo con el pie, las manos siguiendo el compás, e imaginándote tocándolo con la guitarra, es que el disco es bueno. Es cierto, luego se le pueden sacar detalles, algún que otro matiz, ¿pero para qué? Tú ya estás disfrutando de la música que es el objetivo primordial.
Y esto pasa nada más poner Pink Butterfly (2007), el mini-cd con el que se presentan El Guisante Mágico. Sofa Records, división de Sofa Experience Communications, lanza su segunda propuesta musical tras Porcelain. Formado por seis miembros nada menos: Aldo Comas, Borja Rosal, Aleix Clavera, Martí Tioliver, Laura Rodriguez y Joan Pamies. Cada uno aporta un matiz diferente. Voces, Guitarras, batería, bajo, una harmónica y un saxo son los instrumentos que forman el sonido festivo y alegre del trabajo. Un verdadero acierto introducir el saxo de Martí Tioliver junto con los coros, con la batería de Aleix Clavera tocada en plan jazzie más la voz de Aldo Comas consiguiendo una de las mejores en cuanto a ritmo en “South Road”. Las restantes tienen para todo: desde dedicarle a Elliot Smith una canción (“Crazy pop songs were announcing the raising of charm and beauty. So now the song will not be sad cause Elliot will be alive”), a jugar con la variación del tempo en la alocada “Heaven of Dogs”, pasando por el folk-pop de “Little Blind Joe” y “The Sheperd” y el folk donde predomina más la voz con una buena aportación instrumental en “Curry and Wine”.
Como cuando Adam Green le da por experimentar en una línea entre el pop y el folk, como South San Gabriel en un tempo más acelerado, como Cat Power en sus momentos más claros. El Guisante Mágico se ha marcado una carta de presentación para el folk como Architecture In Helsinki lo hizo con el pop en Like A Call (2003), dándole alegría al asunto y evolucionando en la sencillez; ¿y para qué más?
Si preguntas a alguien sobre quién causó la ruptura de The Beatles dirá sin pensarlo: Yoko Ono, si preguntas sobre quién mató a John Lennon incluso habrá gente que te dirá el mismo nombre, pero si ya preguntas quién es el personaje dentro de la música más detestado fácilmente saldrá el nombre de la pequeña japonesa entre los cinco primeros, otro compañero de batallas como es Paul McCartney le quitaría el puesto. A ella todo esto, al parecer, le ha importado siempre lo más mínimo; lo cantaba en el ‘92 (“Onobox”) y lo vuelve a decir ahora para dar título a su revisión: Sí, soy una bruja.
Para la aventura ha decidido juntarse con los avanzados de la clase, los artistas que más suenan cuando se oye el término “moderno”. A estos Yoko Ono, o mejor dicho Astralwerks, les ha dejado vía libre para que revisionasen sus éxitos del pasado, porque tenerlos los tiene; la japonesa se situó a la vanguardia en 1970 con dos trabajos (“Yoko Ono/Plastic Ono Band” y “Fly”) que ahora son recordados poco a poco.
Artistas de la talla como Antony con sus Johnsons, quienes firman una versión perfecta de “Toy boat”, Cat Power cambiando el ritmo al disco mediante “Revelations”, Peaches modernizando y conviertiendo “Kiss, Kiss, Kiss” en un tema discotequero, Le Tigre haciendo mejores canciones fuera que bajo su nombre últimamente en “Sisters O Sisters” o The Flaming Lips en su línea con “Cambridge 1969/2007”, por citar alguno de los participantes.
Una revisión que pasa con nota y que cualquier artista (más si lleva el adjetivo de “maldito”) estaría gustoso de recibir. Para bien o para mal, la japonesa seguirá contando con los tópicos cuando se hable de ella pero cuando quiere demuestra que vale más de lo que se dice. Sólo una curiosidad más… muchos artistas “modernos” juntos… ¿dónde está Devendra Banhart?.
Cambio de discográfica a una multinacional (Virgin Records/Emi Music Spain), quinto disco y continuación del español en las letras. Xoel López vuelve tras “Los jóvenes mueren antes de tiempo” sin variar mucho la línea marcada por este.
Pese a que las variaciones no son muchas, en las canciones se nota una maduración en el uso del idioma, compagina mejor con la melodía y no cae tanto en el estribillo como hacía en el anterior. Además el pop que practicaba hasta ahora Deluxe se ha dejado contagiar por arreglos de orquesta; tubas, trombones o saxos componen en muchas canciones la melodía donde se apoya la letra (más lento en “Tendremos que esperar” o jovial en “Simone”). Retoma con buen pie la fórmula de su mayor éxito hasta ahora, “Que no”, en “No es mi primera vez” –una de las mejores del disco- y en “Réquiem” donde se contrapone la letra con el ritmo alegre. Se atreve con un rollo más cantautor de folk en “El amor valiente” y deja buenas canciones pop como “A un metro de distancia” en la que la voz de Sara Iñiguez (Rubia) mejora el resultado final, o las iniciales “Colillas en el suelo” y “Gigante” donde se nota la estructura del anterior disco. También cuenta con bajones como “Ver en la oscuridad” y otras más sencillas.
Bien podría ser un segundo disco acompañante en el lote de Los jóvenes mueren antes de tiempo. Una continuación notable en la carrera de Xoel López cantando en español.
Irse a California y grabar con nada menos que Brad Jones (productor de Josh Rouse entre otros), al estudio que ha culminado en grandes trabajos y además titular el disco con el nombre de este, no significa ninguna clave esencial de éxito. Si a esto lo unimos un filtro como la MTV (quien les está haciendo una campaña potente a nivel promocional) bien podría darnos el típico disco que triunfa en las listas británicas dos semanas para luego caer en el olvido otras tantas.
Los toledanos siguen con su pop inglés que tanto éxito les dio en “Little Heart Attacks” (el anterior, The Sunday Drivers, sólo fue escuchado por unos pocos) y no se rompen la cabeza tratando de cambiar en alguna canción. Presentan diez temas que en conjunto pueden resultar hasta tediosos, aunque también es cierto que con varias escuchas el resultado general, o mejor dicho, el predominio de unas canciones sobre otras, pasa a ser aceptable. Canciones como la inicial “Rainbows of colours”, bebiendo del pop de los Beatles con “Sing when you’re happy”, buenos cambios de ritmo en “Better if I”, los Beach Boys en “She” o leves influencias en el ritmo por parte de la música negra en “Polaroid” pueden mejorar el conjunto; pero por el contrario “Do It” (que se convertirá en el éxito para el público de la MTV), “Life is” o la eterna “Little Chat” no llegan ni siquiera a un listón medio para escucharlas.
Discos como este hay varios al mes, al año ni contarlos ya…, tienen su público y sus ventas pero al fin y al cabo son todos muy parecidos en cuanto a la estructura. Un disco medio que entretendrá a los seguidores del género pero que rápidamente será cambiado por el nuevo trabajo de otro igual que ellos.