Ya va siendo hora de actualizar, tras casi dos meses sin hacerlo. El tiempo no me permite dedicarle casi nada a Ciudad Bohemia, así que a partir de ahora iré coglando los links de los artículos que vaya publicando en los medios donde trabajo. Es más cómodo para mí y también para quienes quieran leerlos, porque así tendrán el original mejor que una copia. Siento no poder mantenerlo mejor, pero el tiempo no se estira más.
Recopilando un poco, que en este tiempo quedan muchos en el tintero. Espero acordarme de todos.
Las ediciones deluxe,la mayoría de las veces, están destinadas a seguidores en exclusiva del grupo en cuestión. Muchas veces sólo traen caras B sacadas del último cajón del sello, que no se iban a utilizar nunca por la mínima calidad de éstas y así dan una justificación para rentabilizar más un conjunto de obras que se han ganado por sí solas el privilegio de ser reeditadas bajo este formato. A veces se les ocurre meter algún material interesante y merece la pena echarlas un ojo para revistar trabajos como el que nos concierne ahora.
Odelay, Beck, Beck, Odelay, el orden de los factores no altera el producto. El quinto disco del californiano, y segundo para la industria, fue su confirmación cuando todavía era un joven con un éxito irónicamente llamado “Looser” (hasta hoy, uno de sus mejores temas). Atrás dejaba su influencia y experimentos por la vía del folk para pasarse de lleno a los sintetizadores y todos los aparatos que en manos de Beck cobraban vida propia.
Fue un disco fresco, revolucionario para una época en que la electrónica, si bien construía sus pilares de forma muy dispersa en diferentes frentes, no tenía mucha vocación de superar un gran público que se interesase por sonidos más extraños de lo normal. Beck consiguió el éxito de crítica y público, en parte por una acertada campaña comercial y el saber estar del músico en el momento exacto, pero en su mayoría por la tremenda calidad que acompaña a Odelay.
Todo empezaba con “Devil’s Haircut”, himno nada más reproducirse por primera vez y escuchar la base; “Hotwax” nos daba al Beck más volcado al rap, parte que explotaría en posteriores entregas como Guero (2005, Interscope); “Lord Only Knows” demostraba su poderío en el manejo a su antojo del ritmo y con “The New Pollution” anticipaban Midnite Vultures (1999, DGC). Y así podríamos seguir hasta el último corte, porque todo en Beck es el eterno retorno, el último disco puede sonar al primero y viceversa, desde un inicio podría haber estado anunciado Sea Change (2002, DGC) y no habernos enterado.
La magia que posee es inusitada para un artista de su generación, quemados a las pocas referencias publicadas o hundidos por no saber aguantar la fama y su mundo. Beck al parecer ha hecho de ésta un elemento más para su música. Bien se puede pasear por las mejores majors que coger otra vía ajena.
Ahora se dejan tres remixes para empezar el fogonazo del segundo disco, en manos de U.N.K.L.E. (“Where It’s At”), el otro rubio de oro de la electrónica: Aphex Twin (“Richard’s Hairpiece”) y Mickey P (“American Wasteland”). De los tres, el único que carece de gracia es el último, manteniendo los dos primeros el nivel de los artistas que los firman. Cada uno los llevan a su terreno, U.N.K.L.E. más oscuros y Aphex Twin en una mezcla entre breakbeaty techno.
Después vienen once cortes de caras-B y tres añadidos al primer cedé. En estos casos, como siempre pasa, hay de todo. Desde un Beck creativo (“Electric Music and the Summer People”) hasta un puro experimento con ruido (“Lemonade”). La mayoría dan canciones a tener en cuenta para los seguidores de la obra de Beck, y también para aquellos que quieran disfrutar de un buen disco de electrónica sin barreras. Una edición Deluxe para recordar Odelay e ir situando a Beck donde ya está hace mucho tiempo: entre los más grandes.
Uno de los albinos más carismáticos en el mundo de la electrónica y el pop es Bek David Campbell (aka Beck Hasen), veintiocho años de edad, y quince en activo desde la precaria publicación de sus primeros trabajos. Clase por todos los costados, figura desde los pies al último mechón de pelo, Beck tiene un club de seguidores tan grande como otros tantos contrarios a su música, al igual que suele pasar con todos los artistas tan conocidos.
La controversia viene por la supuesta bajada de calidad tras el magnífico Odelay (1996, Geffen Records). O más bien está en la popularidad que ha alcanzado el artista estadounidense tanto fuera del “público independiente” como del generalista. Muchos al sentirse identificado con el mensaje de “Looser” lo cogieron como gurú en exclusividad, algo tan absurdo como irrisorio. El caso es que por suerte Beck sigue publicando discos e ignora tanto las críticas recibidas que bien puede tirar por un pop intimista como hizo en Sea Change (2002, Geffen Records) en el que ofrece una de sus mejores canciones emotivas (“Lost Cause”), o por el electro pop que le hizo más accesible con Midnite Vulture (1999, Geffen Records). El eclecticismo en él parece fácil, ya que empezó con un folk experimental y ha pasado por diferentes palos hasta acabar en una electrónica pegadiza, todo ello con su toque personal.
Guero fue publicado en diferentes versiones y con la concepción de mezcla. La mejor de todas esas versiones era la que adjuntaba un DVD con todas las canciones y su correspondiente videoclip, un libro muy cuidado en blanco al estilo Revolver, letras, imágenes, y dibujos. Un regalo para los coleccionistas y los amantes por las referencias tan cuidadas. Además de esta edición, publicó como es normal una sencilla, un vinilo doble y el mismo año un disco de remezclas del propio álbum llamado Guerolito(2005, Interscope Records). Por si quedaba alguna duda de crisis en el mercado discográfico su sello apostaba por la diversidad.
El material ofertado varía entre grandes temas convertidos en hits antes de ser escuchados, toda la parte que abre el trabajo, y otros de menor pegada según avanzan las canciones, aunque la menor pegada de Beck son temas como “Hell Yes”, “Chain Reaction” o “Earthquake Weather”, material que otros se rifarían por contar con ello entre sus discos. Pero esto se debe a la gran fuerza de “E-Pro”, “Girl” y “Que Onda Guero“, después de esta trilogía los demás parecen menores aunque no sea así. Entre medias temas como “Send a Message to Her”, puro Beck, “Rental Car” con una similitud al primero clara, se quedan en el limbo de ambas mitades.
El buen compendio entre imagen y su música añade otro punto al resultado final, ya de por sí alto. Beck para algunos es un monstruo y con cada disco lo sigue demostrando.
Había que hacerlo… se retrasaba la fecha de publicación de la Sesión un día tras otro y no podía dejarse de lado como hasta ahora se hizo; Beck merecía su sesión para bailar con él y agradecerle su música de la forma más modesta posible: disfrutándo con él. Puro electro-pop que es imparable, se mete dentro y no sale, los beats usados en las bases llevan la palabra movimiento con ellos incorporada. Muchos podrán detestarle porque ya no es el “Loser” que decía ser cuando empezó y toda la prensa “independiente” (¿de qué?) le coronó como nuevo gurú de los desamparados-pajilleros- compulsivos-solitarios-con-una-guitarra-en-la-mano-libre, pero no lo necesita, discos como “The Information” (2007) siguen dando la lección a todos los envidiosos de que es un fuera de serie. Muchos vendrán a criticarle por su supuesta bajada de pantalones a la industria musical, pero que alguien lo demuestre… él, mientras llega ese momento, lanza hit tras hit, total nada… Por si quedaba alguna duda… Beck apunta arriba, él es el líder de sí mismo.