The Concretes son una banda sueca; y sí, hacen pop. ¿Qué es otra recién salida entre tanto estallido de tierras nórdicas? No. Ellos llevan desde 1995 en activo y ahora ha dado la casualidad de haberse dado a conocer a un mayor número de personas (ya se sabe, un grupo de cierto sonido tiene éxito y a mirar alrededor a ver qué grupos hay similares). In Colour (2006, Licking Fingers) fue su salto hacia mercados internacionales, pero detrás dejaban un buen número de álbumes y trabajos de menor duración.
Sin casi tiempo para saborear In Colour, y sin tiempo para la banda entre tanto concierto, se publica Hey Trouble (2007, Licking Fingers). No es un mal disco, tampoco es un mal disco, pero le falta mucho para ser un álbum que recordar debido a la rapidez con que se consumen las cosas y luego se olvidan, además, muchos contemporáneos actuales suyos han ido firmando discos cada vez mejores y eso sube el nivel mucho. Sólo hay que escuchar los discos de Club 8 o Acid House Kings, por mencionar el nombre de Johan Angergård como figura clave dentro del pop sueco actual.
Aún así, el colectivo de siete músicos mantiene un sonido característico basado en cuidadas melodías, tranquilas y suaves, quizás más apagadas que nunca, pero evitando notar la ausencia en la parte vocal de Victoria Begsman, ahora bajo el pseudónimo Taken by Trees. Para ello, Maria Eriksson y Lisa Milberg son las nuevas protagonistas para poner voz a las letras.
El sonido más tenue se puede ver en todas las canciones, desde “Keep Yours”, con ciertos aíres folk de los que siempre han bebido, a “A Whale’s Heart”, mantenida y evitando casi el término twee al que se le había asociado con anterioridad. Quizás la banda haya querido dar un paso en busca de un sonido más trabajado con los referentes habituales del género (desde The Beatles hasta Belle & Sebastian); no todo podía ser alegría y felicidad sino que a veces es mejor dar más importancia a guitarras y baterías para crear otro estado de ánimo. Aquí prefieren incluso apostar por instrumentales y variación como hacen en “Didion”.
Un trabajo pausado que viene bien escuchar pero sin que despierte pasiones. El pop lo saben hacer muy bien y lo han demostrado desde la publicación de su primer largo en 2000, crean melodías pegadizas a ratos (“Oh Boy”) pero les falta dar otro paso más.
Souvenir retoman el formato mini-CD para complementar a su disco más innovador hasta la fecha: 64 (2007, Jabalina). El dúo de Pamplona cautivó desde sus inicios con sus acercamientos a la chanson francesa de la mano de figuras como Françoise Hardy, y el año pasado decidió salirse de lo que hasta ahora les había caracterizado, derivando hacia la pista de baile. Ahora, con tres remixes, una inédita, y una cover, pretenden seguir apostando por el mismo sonido. El primer mix lo firma el sueco Johan Agebjörn (compositor y productor de Sally Shapiro), llevando a la canción a terrenos del house y del electro sin un instante de bajada, Miqui Puig se encarga de “Une Semaine en Ballon” manteniendo el medio tempo y consiguiendo un tema muy atractivo; por su parte, Jaime Cristobal revisa “Accident À Londres” pero la oscurece más, perdiendo ese acercamiento al dance-punk que atraía de la original. El nuevo material, con “Si Tu Sais Pas” y la versión de “Hanging on the Telephone” (Blondie), mantiene el electro-pop elegante de 64, ya que Souvenir sigue teniendo ese gran valor como propio: un pop cuidado y mimado.
Uno de los grupos que más se han asentado en el twee pop retoma el formato EP para sacarle el mayor partido tras la publicación en el mismo año de su último disco, The Last Holy Writer (2007, Elefant). Robert Wratten es el hombre del proyecto, al igual que en The Field Mice, su grupo de culto e ignorado en su época.
Tras seis discos, el talento de los londinenses no se agota sino que continúa mejorando en melodías y letras, prueba de ello es el ya mencionado largo. Y por si fuera poco, la creatividad les sobra y tienen tiempo para grabar material sin casi nada de tiempo entre referencia y referencia (dos años de media más EPs entre medias).
Poner de nuevo sobre la mesa el nombre de Belle & Sebastian a un músico como Wratten es innecesario y equivocado. Pese a que los chicos de StuartMurdoch son más conocidos que Trembling Blue Stars, éstos comenzaron un año antes, por no hablar de los primeros años de The Field Mice. Quizás ambos se hayan estado influenciando pero cada uno con sus métodos después. Lo que sí está claro es el gusto de ambas formaciones por las melodías claras, muy luminosas y alegres. Todo lo que por la zona nórdica europea se está haciendo ahora, muchos otros llevan tiempo en ello.
La apertura del EP es la mejor del trabajo, “Beautiful Blank” es el hit que siempre alegra el día con un pop pegadizo y bien trabajado, a lo que hay que añadir la buena aportación de Annemari Davies a la voz, restándole protagonismo en un tema a Wratten. Las siguientes ya son de su dominio, entre tranquilas melodías, el pase de la voz femenina a la back vocal y unos estribillos disimulados para semejar calma.
“As Easy As Being Alone” es menos rápida que la primera pero más que “Outside Looking Elsewhere”, más desnuda y con querencia por cierto folk americano en la guitarra y el fraseo. Por último, “And Then Silence” remata la bajada en el ritmo hacia una intimidad mayor y la guitarra con leves punteos.
Trembling Blue Stars siguen en plena forma, ofreciendo su cara más alegre a la vez que reflejan el interior cuando quieren. Una maniobra difícil a la hora de juntar varias canciones y que a ellos parece no costarles nada.
Si se busca el significado de Uke, uno se encuentra con lo contrario transmitido por la música. Uke es un término usado en el mundo del manga para designar a las personas pasivas en una relación homosexual. Ahora si se atiende al componente musical se percibe todo menos la pasividad de sus elementos. Más bien lo que se transmite con ella es la sencillez desde el minimalismo y la tranquilidad de éste.
Laura Soriano y Roberto Martín son los dos protagonistas que están detrás de Uke. La manera de abordar las canciones se entiende mejor si se ve la experiencia previa de Roberto con Niza, donde el pop se convertía en pequeñas y delicadas composiciones; pena de su separación en 2004. Desde 2005 empieza a andar el nuevo dúoy Jabalina les ficha rápidamente para publicar su EP Boreal (2006, Jabalina). Una gran presentación que prometía.
Ahora en su primer largo, el grupo parece construirse sobre sí mismo desde la elección del título homónimo. Se puede ver alguna que otra influencia o similitud, como Yann Tiersen o Pascal Comelade, pero detrás de ellos hay bastante cultura musical, desde el jazz hasta la electrónica, con el downtempo y el ambient como géneros donde esparcirse.
Ganan en la creación de melodías soñadoras y atmósferas únicas, canciones que no se unen a ninguna moda o sonido concreto, sino que se establecen en sus propios elementos y se disfrutan por completo al obligarte a percibir cada matiz y sensación transmitida. Son como los buenos libros que te hacen implicarte dentro para descifrar los distintos significados, Uke plantea en cada corte varios niveles de sonido que descifrar e ir distinguiendo del resto.
“Puntillismo” es un comienzo perfecto, desde la leve percusión y la cuerda, hasta la tranquilidad que transmite. “No Somos Bolcheviques” presenta, no sólo a Uke siguiendo la tradición de la música del Este con el acordeón, sino la gracia en cada título (después vendrán “Uke Y La Masonería” o “Piedra, Papel, Tijera”). “Sístole” se va a terrenos electrónicos donde cualquier sonido puede ser introducido para complementar a la base, en este caso, como posteriormente en “La Rosa de los Vientos”, una lata de refresco abriéndose es el elemento que añade la distinción al único tema donde las voces juegan el papel más importante. También en esta línea está “Mesa De Tenis”, aunque la lata es sustituida por una pelota de ping pong, como hizo Javi P3z Orquesta en su Sports (2004, Hitop Records).
Una puesta en largo cuidada y trabajada, apostando por un sonido agradable y firmando un disco con el que disfrutar sin pensar en que eso ya lo has oído anteriormente en otro grupo.
Más tarde o más pronto se acaba llegado a ciertos lugares más alejados de lo común. Ya sea desde el jazz, donde se descubre el free jazz y a nombres como Albert Ayler, desde la electrónica, accediendo a la IDM con Aphex Twin, o el que nos concierne ahora, desde el rock, descifrando qué es el math rock de la mano de Don Caballero. Terrenos a veces difíciles en el sonido debido a la lejanía de los parámetros comunes, pero una vez la permanencia se asienta, se convierten en terrenos asombrosos y necesarios para innovar.
Battles pertenecen al terreno cuya meta es variar y evitar un sonido efectista que radiar en cualquier radio fórmula. No es casual este hecho, tampoco parten de la nada y se lanzan a dar palos de ciego sin ninguna justificación. Desde 2003 llevan en activo publicando varios EPs fantásticos y girando con su show por diferentes lugares. Sólo que hasta que ninguna compañía grande les echó el ojo, no pudieron publicar su primer largo. Tal compañía es Warp Records, calidad y caché unidos en terrenos donde no es causal encontrar a varios de los mejores nombres de la música más rompedora (por ejemplo, el mencionado Aphex Twin).
Tampoco son unos novatos en el mercado musical ya que todos ellos son músicos consagrados y han participado en proyectos similares a éste, sólo que de menor relevancia o sin haber conseguido tanta fama como lo han hecho ahora con Battles. Así, Ian Williams proviene de Don Caballero y de Storm and Stress; John Stanier de Helmet, de The Mark of Cain y de Tomahawk; Tyondai Braxton, hijo del importantísimo Anthony Braxton, está también en solitario y ha llegado a actuar con TV on the Radio y con Prefuse 73, entre muchos otros; y por último, Dave Konopka viene de Lynx. Con un perfil así, es fácil hablar de súper grupo sin ninguna atadura.
Mirrored es su arma en el sentido más literal del término. Un arma que refleja toda la fuerza de un género asombroso y enigmático, donde otros como Shellac ya abrieron camino a inicios de los noventa. Sus guitarras y baterías parecer salirse en cada canción sin un punto limitado para acabar la melodía, cambiando los cánones de estrofa-estribillo-estrofa, aquí eso son nimiedades que sólo coartarían el resultado final.
El fogonazo comienza con “Race : In”, manteniendo con la batería y ritmos marcianos entre medias; le siguen “Atlas”, pura adrenalina en siete minutos con un momento álgido y un ritmo con toqueteos a la electrónica y al krautrock muy presentes; “Ddiamondd” prefiere añadir una parte vocal aguda y rápida para añadir el toque de locura al corte; “Tonto” ya merece ser elegida como unas de las mejores desde la selección del título hasta el frenético ritmo dado en las guitarras; y ya después está “TIJ”, donde los aparatos se ven como más experimento que instrumentos en sí. Entre medias quedan “Rainbow” con unos breaks pegadizos, “Snare Hangar”, la única que apuesta por los dos minutos, si obviamos el intermedio de “Prismism”; y “Race:Out”, cerrando con algunos de los elementos escuchados en la primera pista. Quizás “Leyendecker” y “Bad Trails”, sean las únicas que bajen un poco la buena impresión del resto, pero es un poco sólo y con un trabajo así es mejor mirar para otro lado.
La clase de este trabajo se percibe desde un principio, convirtiendo el cambio y la innovación en aspectos clave para acercarse a la música sin aburrirse y contemplar una y otra vez los mismos elementos de siempre pero con un envoltorio transformado para dar el pego. Mirrored fue uno de los principales trabajos de 2007 y para un servidor, quizás el mejor de todos ellos.
Tras Da se halla Daniel Garuz, ex componente de varias bandas de la escena independiente española como Muy Poca Gente, Pulmón y la principal: La Costa Brava. Hace ya tres años decidió separarse de los costeños para probar por libre y firmar un debut accesible con Mushroom Pillow, la misma compañía que tenían antes LCB antes de su despido. Al parecer no llegó a dar los frutos esperados y Daniel Garuz ahora se ha tenido que autoeditar su segundo disco prescindiendo de compañías como tantos otros grupos (¿posible solución de futuro en veinte años?).
Dormidos en el Zoo (2005, Mushroom Pillow) contaba con un el pop bien hecho, demostrando el porqué estuvo en esos grupos y sunivel de influencia en ellos. Quizás el grupo de Sergio Algora (ex El Niño Gusano y ex Muy Poca Gente) y Fran Fernández le impidiese ir a más en sus composiciones, aunque el sonido que puede apreciarse en bastante cercano a ellos, quizás más electrónico en algunos momentos, y bastante peor en la mayoría, en especial en las letras, donde se entiende la autoría de dos grandes escritores como son el dueto Algora-Fernández.
La segunda parte de esta carrera en solitario viene con Pulse y Espere, una continuación menor de lo primero que presentó el zaragozano. Algunos de los temas son composiciones que llegan incluso a resultar desagradables como puede ser “Warro”, con una melodía idéntica a lo hecho con LCB y con la letra estilo El Chivi. Mejores que ésta, pero sin llegar muy lejos, están “Horizonte”, repitiendo todo el rato lo mismo sin variación; “Todo Bien Esta Noche”, que cuenta con una parte electrónica mejor pero le sigue faltando otro añadido; y “Claro Que Sí”, prefiriendo una balada donde la letra de (des)amor juega una mayor baza.
También firma mejores canciones, como la inicial “Tengo Ganas”, un tema pop pegadizo y alegre con un buen resultado en el cambio hacia el uso de un vocoder; “Siguiendo Las Flechas”,más movido y con la aportación de una voz femenina tras la back vocal; y en el final otros como “Nuevos Hombres” y “Desperados” dan otro empujón a los anteriores.
Demasiados altibajos para un sonido que deja un buen sabor de boca pero que nunca llega a culminar. La electrónica, el pop, e incluso el hip hop se mezclan sin dar con el momento clave. Será cuestión de ir mejorando, el camino está iniciado.
El último disco de The Raveonettes fue publicado a finales de 2007, el momento en que o bien entran los discos como lo mejor del año, o dejan de prestarse atención a trabajos que merece la pena tener entre los buenos discos. En este caso la jugada fue la segunda, Lust Lust Lust (2007, Fierce Panda) no es un gran disco para entrar entre los mejores cincuenta de cualquier revista, pero tampoco es un mal disco. Es el típico trabajo que sigues escuchando pese a noser uno de tus favoritos; de vez en cuando lo vuelves a rescatar y te quedas con alguna canción que te alegra el día, como ya Koala comentó a principios de enero.
El dúo danés sigue en su línea, no se salen más que para aclararse un poco y no ser tan oscuros que en anteriores entregas, pero las guitarras siguen teniendo esa base de shoegaze y lo-fi característica desde Whip It On(2002, Sony Records). El juego de voces entre Sharin Foo y Sune Rose Wagner mantiene cada canción con un buen ritmo e intercalando instrumentales mantenidos en bastante distorsión.
Mientras otros dúos, véase por ejemplo The Kills, intentan sólo la maniobra de ir de selectos y de estrellas, firmando discos repetidos y sin gracia, The Raveonettes deciden establecerse en la línea que mejor saben hacer: un indie rock con bastantes influencias y pegadizo, de fórmula similar entre los diferentes temas, pero sin llegar a cansar en ninguno de ellos.
Chain Gang of Love(2003, Sony Records) fue su mejor trabajo, el más directo y con las mejores composiciones, después han sabido mantenerse en pie y seguir en una línea próxima aunque no tan buena. Y es que lo más destacable de la pareja danesa son el tirón de sus temas, estribillos que no llegan a ser cansinos, que se convierten en los salvadores de cada corte, un ejemplo: “Blush”.
Los sesenta les gusta y lo demuestran en cuanto pueden: “Dead Sound” es un ejemplo claro de ello, la canción mejor elegida como single por su potencia y estructura; “Aly, Walk With Me” da la mano a la influencia de The Velvet Underground e incluso se deja contagiar de los sonidos electrónicos de Bristol.
Buenos temas que no les hace ser la banda que encabece portadas, festivales o crear escenas absurdas. Sólo es un disco para disfrutar de la distorsión y unas guitarras rápidas y reiteradas, el placer del riff bueno y de la oscuridad en sus voces. Son distintos a sus contemporáneos pero no se les puede pedir una obra transgresora, ellos prefieren firmar discos así, y por ahora les va bastante bien. Que sigan por este camino.
Avalada por las buenas críticas en revistas como Mondosonoro o Rockdelux, y primeros puestos como una de las mejores maquetas españolas del año pasado, La Bien Querida ha iniciado su carrera musical como pocos. Ahora el proyecto de Ana Fernández-Villaverde está bajo la tutela del sello Elefant Records y grabando lo que será su primer largo. Antes de la salida de éste, recuperamos su demo del año pasado.
La Bien Querida ahonda en el género donde grupos como La Buena Vida o Le Mans se ganaron sus elogios con obras redondas y delicadas. Pero esta proximidad no significa que esté en el llamado Donosti sound, moda de la cual ya no se habla por suerte. Su sonido guarda similitudes en cuanto a la manera de abordar el pop y la manera de cantar, con mayor presencia que Irantzu Valencia respecto a los instrumentos, pero tampoco muy lejos. Todas las canciones piden los mismos arreglos que las de los donostiarras pero hay que ver que no deja de ser una demo y no hay medios para grabar más.
Detrás de La Bien Querida también está una figura bastante influyente en el indie español: Antonio Luque (Sr. Chinarro). El sevillano ha apadrinado a la madrileña y ha puesto voces incluso a “Adn”. Otro apoyo más de renombre para el proyecto.
La influencia de la carrera de Chinarro deja su huella en la mejor de la demo: “El Zoo Absoluto”, más oscura y rápida que el resto. El resto se divide entre letras de amor y desamor bien escritas y mejor llevadas a la práctica por la suave voz de Ana Fernández. “Corpus Christi” es el tema típico de pop naif que con unos buenos arreglos de fondo ganaría muchos enteros, “96” recupera una historia de recuerdos con una leve back vocal, pidiendo a gritos también una mejor producción, y “Monte de Piedad” es la más modosita sin apariencia de romper un plato.
Ahora nos toca esperar a ver por dónde tirará La Bien Querida en su primer largo, aunque el fichaje por Elefant y la trayectoria del sello, hace pensar en la estela de Le Mans y del buen pop sencillo. No sé si se ha dado a conocer el nombre del productor ya, pero si fuese Ibon Errazkin, este proyecto muchísimo ganaría en sonido. Otro grupo que apunta a tener un futuro prometedor en el indie español.
Los grupos que surgen por Sudamérica y Centroamérica están bastante ignorados por nosotros. Sólo recibimos ese sonido llamado reggaetón y que a algunos nos martiriza, pero los buenos discos no llegan, tienes que indagar por ahí y sacar de la chistera algún grupo para disfrutar con él. Luego te das cuenta que ese grupo allí son conocidísimos y asentados, pero aquí miramos poco al otro charco y eso que tienen el mismo idioma.
Instituto Mexicano del Sonido es otro caso más a descubrir. Detrás se esconde Camilo Lara y con él, gran parte de la tradición de la música americana, desde la salsa a la música cubana. La gracia del disco se halla precisamente aquí, en la toma de estas influencias modernizándolas al 2007, todo desde una parte electrónica bastante cuidada y nada superficial.
Lleva en activo desde 2005 y ya cuenta con dos largos en el mercado, el anterior fue Méjico Máxico (2006, Noiselab), mantiene, por tanto, un buen nivel de creatividad y de publicaciones. Ahora Piñata no es conocido por muchos si escuchan sólo este nombre, pero si escuchan la canción “El Micrófono” caerán en la cuenta de que ese tema ya lo han escuchado antes si son seguidores de los videojuegos, en concreto de la saga Fifa, donde se incluye en la última versión dicho tema.
IMS, evitando la confusión con las del Instituto Méxicano del Seguro Social como Camilo Lara explica, se acerca a grupos como Los Tetas (otro grupo de funk sin apenas reconocimiento por aquí) en muchos de los temas de Piñata, donde Lara apunta al hip hop que están haciendo en los últimos años por México, un hip hop más fresco y alegre que el típico estadounidense con violencia en letras y base. Prueba de ello es la mencionada “El Micrófono”, donde también crítica el uso de dicho instrumento de forma superficial y a los MCs de uniforme; “Katia, Tania, Paulina y La Kim” ´sigue por el mismo camino, con una letra bastante graciosa sobre amoríos y seudocultura bajo apariencias (“Ya no quiero una novia intelectual, (…) y que lea Kahn que sólo baile salsa con sus amigas y que oiga Mano Negra a escondidas.”).
Luego tiene la parte de mezcla de trompetas y ritmos típicos de la tierra. “Mi Negra a Bailal” desde Cuba con un buen ritmo y más oscura que el resto, “Escríbeme Pronto” desde la salsa consiguiendo un tema movido y alegre, “Para No Vivir Desesperado” en la misma línea y con aportación femenina en las voces.
Finalmente repite la fórmula de “Destroy Rock & Roll” de Mylo en “A Todos Ellos” donde diferentes voces se van sucediendo y mencionando grandes nombres de la cultura como Cortázar o Billie Holiday. Camilo Lara, directivo de EMI, consigue un buen disco, divertido y con cierta pegada. Aquí en España, la discografía que lo distribuye es Love Monk, la misma de Gecko Turner y compañía.
Desconocidos para la mayoría, Alamedasoulna son una banda con muchas tablas sobre los escenarios, practicando una gran mezcla de ska y reggae. Cuentan ya con dos discos anteriores y Finissimoes por tanto su tercer largo, donde se vuelcan en todos los aspectos, desde diseño a producción, poco escapa a los ¡10 componentes! de la banda. Tantas personas juntas no es fruto de la casualidad, sino de la unión en 1999 de dos grupos madrileños: Güernika y Cabeza de Canoa. Ambos proyectos estaban cansados de la dinámica del mercado y decidieron mezclar sus fuerzas para impulsarse con mayor ímpetu.
Lo bueno de las formaciones grandes y organizadas es que cada miembro cumple su función, así todos los detalles están controlados por la banda sin necesidad de tantos intermediarios. Alamedadosoulna cuenta desde con una persona dedicada en exclusiva al mundo digital (Sergio), hasta una tesorera (Rebe), que ya se sabe que el dinero en estos grupos no sobra.
Finissimo es un trabajo para disfrutar, su ritmo trae consigo una alegría intrínseca en cada tema, donde en ningún momento se para la máquina de baile. Desde el ska y el reggae, todo ritmo bien conducido es un éxito seguro para moverse y disfrutar con él. Así lo hacen en este trabajo, donde hay gran parte melódica y rítmica recordando a Ska Cubano, pero también hay voces y otros temas que se aproximan a Ojos de Brujo en su primer disco. Están más próximos a los nuevos grupos de Barcelona como La Kinky Beat, si hubiese que encontrar algún referente más de por aquí. Aunque el disco se defiende solo sin tener que necesitar otros apoyos.
Para ello, las trece canciones que componen Finissimo son los mejores defensores; todos comentados con algunas anécdotas dentro del digipack que protege al disco en sí. “Catâstrof” es una especie de intro más extenso para introducir al resto. “Escalera de Caracol” se establece sobre un ritmo constante y atrapa la gracia en la letra. “Hiwey” es una de los mejores con el trombón y las trompetas, muy alegre y con un solo de saxo bien introducido en el medio del tema. “Bioman” y “Optimista” son dos en las que mejor se mezcla ritmo y música, más curiosas cuando se leen los comentarios de la banda y lees que “Bioman” está inspirada en la historia de un niño pequeño que se creía superhéroe. También aprietan el pedal del acelerador y dejan “Porfavor” y “Punhit”, la más parecida a Ojos de Brujo por la aportación vocal de Rebe. Además de “Samone” y “Ferrari rosso” más clásicas y suaves. Por otro lado están “Una Bala” que decepciona un poco porque es más similar a lo de siempre, al igual que “Tele Nueva”.
Un tercer disco que alegra el día con el ritmo apoyado en los elementos claves del ska y ahí nadie para la fiesta. El directo apunta a ser su terreno donde mejor explotan las canciones, y una vez escuchado Finissimo se resuelven las dudas del porqué.
Tras la disolución de 1998 el proyecto Los Carradine decía adiós, desde 1989 se mantenían en pie y sólo publicaban su material en maquetas. Venían desde grupos como Los Mentirosos y Marta y los Grifos, e incluso telonearon a Steve Wynn una vez, pero por diversos motivos un buen proyecto puso fin a su mezcla entre guitarras contundentes y letras irónicas. Se llega al 2004 y se vuelven a unir, irónica aquí también una posible comparación con grandes grupos como The Who, ThePolice o The Jam (pese a que Paul Weller les dejase tirados y se presentasen como From The Jam), de los que Los Carradine se encuentran a años luz, pero coinciden con las reuniones de los grandes, para bien o para mal.
Vuelven al formato maqueta, otras dos entre 2004 y 2005, una por año, y el cuarteto este año se queda sin uno de sus miembros, Nacho abandona dejando a Rafa, Xavi y Antonio en calidad de trío. Ya en 2007 consiguen lo esperado, publicar su primer largo, trasladar la efectividad de sus maquetas a un largo mejor distribuido y accesible a una mayor cantidad de personas. Bajo el título Sospechoso Tren de Vida encaran el reto, y no decepcionan.
Hacía falta un grupo con un buen sonido, que no quedase en los esquemas típicos de Soziedad Alkohólika, Boikot o Hamlet, y que afrontase con unas letras de protesta ciertos temas. Grande-Marlaska ya lo empezaron a hacer hace unos años pero con el pop como base y menos punk que estos barceloneses. Así Los Carradine cubren con su debut en Strange Ones, la discográfica que también ha dado la posibilidad de debutar a un grupo tan dispar a ellos como son Manos de Topo, este nicho de mercado tan abundante en los países de los que se inspiran ellos en su sonido.
Vemos entonces a grupos variados pero con una premisa clara: fuerza y potencia en letras y música. Nombres como Violent Femmes o The Clash son los primeros que se vienen a la cabeza cuando está sonando Sospechoso Tren de Vida, pero también otros de aquí como Siniestro Total o Los Enemigos. Lo mejor de fuera y lo mejor de dentro, el cóctel promete. Y el inicio, donde encadenan buenas canciones de no más de dos minutos y rápidas, lo confirma con “Sonad a Los Smiths”, buena letra como las que vendrán a partir de ahora, efectividad y un estribillo pegadizo pero a la vez enmascarado. “Vietnam Sentimental” mantiene la buena forma, con la política como buen telón de fondo, el coro entrando, y versos que podrían sustituir a “This Is The End” de The Doors en Apocalypse Now (1979, Francis Ford Coppola), con una pegada buena para los charlies de fondo. Pero no todo son temas de tempo rápido al estilo más punk, sino que también se marcan una buena balada a unos de sus ídolos en “Billy Bragg”, con quien tocaron hace poco, y dejan una de sus mejores letras y más comprometidas, repitiendo el verso utópico “no pasará el gran circo liberal” varias veces.
Después irónicos como pocos con el tema en el que recuperan a su padre, “No Es Que Fuera Mod”, llamando macarras a muchos de este movimiento, en “Empleado del Mes” con una letra muy hiriente; “Los Cipreses Creen en Dios (Pregúnteme Cómo)” que pasará junto al tema “Quiénes Son Los Curanderos” de Triángulo de Amor Bizarro al recuerdo de muchos como uno de los buenos temas de los últimos años.
Luego ya llegan muchos temas que no guardan este nivel, son más flojos y van diluyendo la fuerza con la que comenzó el trabajo. “Satélite” o “Siempre Hay Sitio”, no son malos temas, muy presentes Los Enemigos por ahí, pero les falta el empuje que tenían las anteriores, al igual pasa con “¡Qué Cantautor!”, de letra graciosa pero menor unión con una melodía mejor. Aún así, firman un buen disco, un disco necesario para una escena que canta demasiado a ciertos temas banales y que se olvidan de otros más importantes. Los Carradine tienen, parafraseando una de sus canciones citadas, siempre un sitio si siguen por esta línea.
Cuando se intenta explotar demasiado la rueda pasa lo de siempre, o bien se explota antes de llegar, o bien cuando llega a la meta la alcanza sin aíre y por tanto, sin fuerzas. Gorillaz y sus muñecos han experimentado esto último unido a lo primero. Repiten la misma fórmula con la que publicaron G-Sides (2002, Parlophone) pero no consiguen la frescura de muchas canciones de dicho trabajo.
El anterior caras B con remixes poseía una revisión de la reciente trayectoria de la banda digital muy acertada en ciertos tema, entre los que destacaron “19-200 (Soulchild Remix)” y “Clint Eastwood (Phi Life Cypher Jersion)”, ahora la segunda entrega carece de esa pegada.
Pese a estar dividido en dos discos, no significa que haya más material para disfrutar de Gorillaz, es más bien una desilusión presenciar canciones nuevas de la banda que decepcionan en comparación a sus otros hits. Así el primer CD está formado por nuevos temas sólo tiene dos que pueden llamar algo la atención, como son “We Are Happy Landfill”, una aproximación al Beck más electro, oscuros y con un buen ritmo; y “Hong Kong”, donde Damon Albarn lleva el proyecto hacia terrenos ya explorados con el Think Tank (2006, Parlophone) de Blur, en una canción muy lenta con una fuerte influencia de la música que pone nombre al tema. Salvando estas dos canciones, las demás parecen estar de mero relleno.
Es el caso de “Hongkongaton”, “Highway (Under Construction)”, “68 State”, por sólo citar tres ejemplos, en las que parece más un juego que temas inéditos para los seguidores, grupo al que parece ir dirigido en exclusiva este doble compacto. Porque sino nadie es capaz de explicar temas de tan baja calidad y monótonos, otros se quedan a mitad de camino intentando salvar al resto, como “The Swagga” o “Rockit”, pero el daño ya está hecho.
Si alguien apostaba por los mixes como salvadores, que tire la toalla también. Ni siquiera DFA firma su correspondiente con la calidad a la que nos tienen acostumbrados. Una base de breakbeat mantenida durante doce minutos para variar en diferentes partes y ahogar la voz inicial de Albarn. El remix que más se esperaba al ver quién lo firmaba, y uno de los que más decepcionan, aunque el de Stanton Warriors con “Feel Good Inc” es quizás el vencedor en cuanto a peor calidad. Por suerte, en estas cuestiones de aportar la visión personal de cada artista, también hay algunos que dan su mejor cara. La misma canción que coge DFA la cogen Soulwax y Junior Sanchez, consiguiendo ambos, sendos mixes muy recomendables para la pista. Y el mejor lo firman, para no variar, Hot Chip, llevándose a su terreno “Kids With Guns”.
En conjunto, un disco prescindible, canciones inéditas sin necesidad de haberse publicado, mixes que van entre bajones y subidas, y un tropezón en el camino de Gorillaz de cara a su tercer largo. Quizás la rueda esté demasiado usada y por eso Albarn ha dejado caer en varias ocasiones un parón temporal de la banda electrónica.
Para algunos, presentar en el 2008 a Antibalas Afrobeat Orchestra les esinnecesario, pero por desgracia, para muchos otros, la gran mayoría, desconocen aún quiénes son y a qué se dedican estos chicos. El proyecto corre a manos de Martin Perna, fundador, y alrededor de él se congregan hasta once músicos, desde trompetas hasta batería, pasando por instrumentos típicos de África como el shekere. Desde Brooklyn, estos chicos llevan dando de qué hablar diez años ya con su revisión del genio Fela Kuti y toda su corriente musical.
No sólo se limitan al funk desde el afrobeat, sino que también cogen el dub y lo mezclan con los ritmos tradicionales que casen en cada canción. Y es en este último disco donde hacen su aproximación más evidente hacia terrenos electrónicos. Para algunos, sus inicios fueron su época más explosiva, con dos discos consecutivos para Ninja Tune como fueron Liberation Afro Beat Vol.1(2001) y Talkatif (2002), después publican su tercero y otro EP en los que continúan su acción crítica sobre temas sociales y políticos, sobre todo contra el gobierno de Bush y su bandera. Justo después la prestigiosa Anti- les ficha para su catálogo, interesados por su sonido y por su manera de entender el mundo de manera reivindicativa.
Securityes por tanto el disco más importante a nivel de todo, desde discográfica, hasta de repercusión. Pese a que Ninja Tune sea muy conocida en ciertos ámbitos, como son todos aquellos relacionados con el downtempo, carecía en ese momento de un apoyo mayor al colectivo Antibalas, entre otras cosas por ser un grupo novel. Pero ya con diez años a sus espaldas, Anti- ve en ellos otra materia de la que se vio en sus inicios.
El sonido no mejora, pero sí que permanece en un grato nivel que habían conseguido. De los siete temas que componen el largo, cuatro despuntan por encima del resto, entre los cuales hay uno, “Filibuster XXX”, que cuenta con casi doce minutos de duración, es decir, un tema a la vieja usanza dentro del funk, y que es el mejor momento dentro de este trabajo. Son doce minutos buscados en la variación desde ritmos de afrobeat hasta la incorporación ya al final de una parte cantada anticipada por buenas trompetas. Casualmente otra que también se encuentra entre las más destacadas es en las que las voces vuelven a aparecer, “War Hero”, alegre y con un ritmo imparable. Mientras los dos extremos, inicio y cierre del álbum ahondan en diferentes aspectos. “Beaten Metal” es el inicio ansiado por muchos, conectado directamente con el receptor desde un ámbito más electrónico, pero sin dejar el afrobeat en ningún momento; y “Age” es la culminación de la fuerza en un medio tempo pausado.
Aunque no todos son tan buenos temas, con “Sanctuary” intentan también con los doce minutos pero les queda menos aparente, más lineal y sin sorpresas, teniendo a las trompetas repitiendo varias veces la misma estructura; “Hilo” parece más bien lo que el propio título significa, derivando hacia terrenos del downtempo suave, entre el lounge y el acid jazz; e “I.C.E.” tiene un buen comienzo, prometedor, pero se desinfla en un viento final y una percusión muy floja.
Con sus más y sus menos, Antibalas Afrobeat Orchestra firman otro buen disco de género, disfrutable entre tanto grupo pop masificado y consiguiendo aguantar actualmente desde el funk más puro. Fela Kuti podría sentirse orgulloso de ver que ciertos grupos en la actualidad siguen apostando por abordar su legado.
Guillermo Farré miembro de Mittens y tras colaborar con Mate, Aroaho Cristina Georgina arranca este proyecto junto a Diego de Skimo, quien le ayuda aportando baterías. El madrileño se apunta a la tradición del pop con melodías cuidadas y pausadas. Y para ello prefiere una voz casi susurrada, e instrumentos delicados con los que construir estos cuatro temas entre los que se encuentran buenos ensayos como “The Pearl” y “The House By the Sea” en la senda de Clem Snide.
Respecto a los grupos de por aquí se suele correr la imprudencia de etiquetar todo como idéntico y por tanto, de mala calidad al ser más de lo mismo. Jonston no es otro proyecto más que caiga en el tópico de pop para no sacar ningún provecho de él. No lo es y no lo ha sido, ya que Jonston proviene de los desaparecidos Detergente, al igual que la otra vía que se fueron para Cohete (uno de los grupos que más prometen de aquí a un tiempo).
La cultura musical de un artista es quizás uno de sus valores más importantes, ya que luego, en la mayoría de los casos, se ve plasmada en su obra. No son copias ni meros calcos, sino que se bebe de forma muy acertada cuando se hace con buena cabeza. José Jonston parece haber crecido con los LPs de The Kinks, la manera de cantar de Ray Davies y la claridad de Neil Young. Las influencias se complementan con otro nombre imprescindible cuando se habla de él: Robyn Hitchcock. Así el madrileño coge el pop más elegante y lo hace suyo de buena manera.
Uno de sus aciertos se ve en las letras de las canciones, añadiendo un valor muy importante a las melodías con estribillos mínimos pero muy pegadizos, y versos con dobles significados. El otro acierto es la voz que usa para poner en pie a estos versos, se desmarca de mandar la voz al fondo y la pone lo más arriba posible de la melodía, se le entiende a la perfección (algo raro a veces por aquí…) y demuestra tener una buena voz.
La elegida para el single de presentación es sin duda la mejor de todo el trabajo. “El Cuentacuentos” es la canción pop por excelencia, que no paras de repetir hasta que acabas aprendiéndote la letra al dedillo. Se sale de los esquemas de los tres minutos para preferir los cinco y remata un estribillo muy original. La segunda es “Emilio”, una canción íntima con una letra que mantiene el doble juego de la felicidad y finalmente la tristeza. Por si no fuse poco con el primer hit de pop, deja otros como “El Fantasma De Alicia” y “Carenguejo, Lua E Ondas”, donde las guitarras cogen más importancia.
También tiene algún que otro traspié, “Teléfonoh” no cuaja en los dos minutos de duración, pese al intento de gracia que puede apuntar; “100 Latidos Por Segundo” y “El Controlador De La Hora” no le igualan tanto como las otras con Ron Sexmith y pierde cierto nivel.
Como conjunto es un disco pop muy de agradecer, un debut a destacar en el 2007 y con la confianza de tener a Limbo Starr (por ahora no ha sacado ni un disco malo…) detrás apoyándole. Esperemos a ver cómo crece el madrileño que por ahora promete.
Desde la costa levantina no sólo llegan tópicos con sombrillas de playa, bañadores hasta las axilas, y muchas camisetas de discotecas horteras, además también llega buena música. Alicante, y más concretamente Benejúzar, es la localidad donde está afincado este proyecto: Corea.
Tras el nombre del país asiático se hallan abreviaturas, letras unidas sin aparente sentido. Nr a los “ruidos y espasmos” (como dicen en su MySpace), Gm a la Ibañez, Cbr también con una Ibañez, Cll tras las “5 cuerdas”, y Ar en un rol más propio de pirata, con los “palos y parches”. Incertidumbre mantenida tanto en el cedé, como en la nota de prensa, los alias ocultan la fuerza y contundencia de cada miembro de Corea.
Este trabajo que disponemos ahora en formato compact disc anteriormente había sido publicado en formato de doble vinilo por el sello Existencia Records a finales de 2006, y ahora Astoria Records lo reedita con la ayuda del sello italiano HorrorVacui Theatre. Aunque el doble vinilo sea más cuidado, y que guarde todo su encanto, a día de hoy es muy difícil que un grupo pueda darse a conocer desde la nada con un proyecto así, y más si la promoción es inexistente.
Corea tienen que ser conocidos, no ya como posibilidad, sino como recomendación más que obligada para dar mayor fuerza a la escena española. Estilos como el post-rock o las mil variantes del emo, por aquí son muy escasas y tienen un público mayor en el extranjero (preferentemente EE.UU.) que en su país natal (por supuesto, en su ciudad nadie se imaginaría escuchar su disco junto a los Bisbales y Bustamantes).
Su propuesta está muy bien construida. Ya en 2004 consiguieron una mínima relevancia (no por la calidad, sino por el difícil acceso al trabajo en sí) con el primer largo, Los Peores 7 Kilómetros de Mi Vida (2004, Error!/Existencia), más duro que el que ahora mismo reeditan. Ahora prefieren centrarse más en las melodías de un post-rock tranquilo a mantener tanta pegada en todos los temas.
Con ello no se quiere decir que no haya momentos en los que la voz de Nr alcance el máximo desgarro, prueba de ello es “Lo Que Está Quieto Es Fácil de Retener”, sólo que priman más los desarrollos instrumentales en manos de las guitarras. Los nombres típicos del género como Mogwai o Neurosis se pueden ver, al igual que otros como Isis. El screamo que tanto está creciendo últimamente, aunque pueda denominarse a grupos muy dispares dentro de este género, tiene un gran valor a descubrir con este largo.
Las mejores se encuentran a la mitad del trabajo, con “Las Trincheras de Iván” en la que durante siete minutos alarga buenos instrumentales mantenidos e intercambia mínimas subidas; y con “Lo Rígido y Rígido Pertenece a la Muerte”, quizás la mejor de todo el disco, oscura y creciendo paso a paso.
Los valencianos prometen, situándose como una gran apuesta para el futuro, y que ahora sólo necesitan encontrar a su “madre” que les dé la relevancia adecuada para crecer. Los títulos trascendentales e interminables, ya los ponen ellos.
Algunas bandas pierden el norte y ya no hay ninguna esperanza de que lo vuelvan a encontrar. Lanzan al mercado un disco con algunos hits tremendos y después a vivir de ellos pero sin ofrecer nada nuevo, sólo una caída en picado hasta que las discográficas les dicen: fin. Los suecos Mando Diao son el ejemplo perfecto de publicar dos hits imparables y después dedicarse a publicar sólo paja sin ningún atractivo. Ya lo hicieron con su tercer LP, pero ahora con este cuarto, la maniobra llega un grado insospechado de insolvencia creativa que preocupa.
Lo mejor que podrían hacer es colgar esos hábitos tan monos que su estilista personal les ha puesto e irse antes de seguir publicando trabajos como este. Bring ‘Em In (2002, EMI) fue una genialidad, directo, contundente y crudo, un disco que pasará entre lo mejor de ese año, para luego después, la desaparición de la furia inicial sin explicación. Su continuación –Hurricane Bar (2004, EMI)– tenía sus temas, pero pocos entre tantos de relleno, el tercero ni qué decir, y ahora no sólo rizan el rizo, sino que lo rizan yéndose hacia un terreno que nunca hasta ahora habían tocado: el country estadounidense.
Como si de los primeros cineastas que se trasladaron de Nueva York a Los Ángeles en busca de nuevos escenarios para rodar y se encontraron de bruces con el “viejo Oeste”, el quinteto parece haberse quedado anonadado por esta música y por el género de los western, ya que facturan un disco más propio de toda la cuadrilla country de baretos y de un público blanco tradicionalista. Nadie sabe si es que se han cansado de copiar el rollo garage de los sesenta y pasarlo por un filtro crudo o es que tanto tiempo de gira trae estas consecuencias, lo único cierto es que tenemos ante nosotros un disco de estos irrepetibles (¡para bien!).
Tras haber escuchado “Mr Moon”, uno no podría imaginarse a Björn Dixgård (cantante y guitarra) acercarse al género de Kris Kristofferson como si tal cosa, y soltarse tan tranquilo. Oír para creer.
La cuestión es que si este LP hubiese sido comprimido en un EP, ahora estaríamos hablando de un “experimento” (dista mucho de ser entendido como tal) con aceptables resultados y no de un insufrible largo sin final. El inicio del trabajo abre bien, con “If I Don’t Live Today, Then I Might Be Here Tomorrow”, intentando defender un género que les queda largo a la legua, más aparente en “Never Seen the Light of Day”, donde consiguen un tema pegadizo y resultón. El tercero que formaría este EP sería “I Don’t Care What the People Say” –título propicio para tal trabajo y que bien podría haber encabezado el largo en vez de el actual– pese a ser un western prefabricado y de cartón el EP aún se mantendría en pie, como si incorporásemos también “Mexican Hardcore”, todo no estaría tan perdido. Ahora bien, después llegan esos tiros de cámara eternos de las malas películas de indios y vaqueros baratas, en los que el recorrido parece eternizarse como un partido de manga japonés. Y se suceden “Macadam Cowboy”, intentando coger al Sgt. Peppers para destrozarle también, “Not a Perfect Day”, como si fuesen cantautores con su guitarra, y otras entre anodinas y soporíferas.
El largo, por tanto, no tiene explicación, ni comercial, ya que esto no se lo traga ni la groupie más ligera, y menos aun musical, todo un fiasco en su carrera, propiciando más una deseada separación o un parón eterno, que otro disco bajo su firma.
Pero ahí no acaba el asunto, tres canciones son una incógnita para este material. La primera “One Blood”, quizás un intento de obsequiar algo parecido a lo que hacían antes de meterse en vena un chute del viejo Oeste, que no casa en absoluto con las demás; “Dalarna”, último tema del disco, tras haber soportado todo lo anterior, de repente salen por una instrumental entre ritmos de música de meditación; y la tercera es todo lo contrario, algo sorprendente, inesperado de encontrar entre tanto relleno. “Gold”, tercera pista del largo que bien podría entrar dentro del catálogo del sello Labrador y convertirse en uno de sus hits más destacados. Un tema de jangle-pop perfecto, pegadizo, alegre y en el que no se reconoce nada de la obra de Mando Diao.
Con incógnitas, con una obra que está a punto de pedir su parón definitivo o revisión absoluta, Never Seen the Light of Day es el mayor fiasco hasta ahora de la banda sueca.
Que nadie busque las guitarras por ninguna parte, que nadie crea que están escondidas por algún tema más avanzando en cuanto a su posición en el disco; las guitarras simplemente ya no están, o mejor dicho, sí están, pero de otra manera. Deneuve son como la bella rubia que les da nombre y juega al engaño en Belle de Jour (1967), la apariencia es lo último que buscan, prefieren arriesgar hacia un terreno que no habían pisado hasta ahora, el pop orquestado, que mantenerse en un rock con el que habían conseguido grandes elogios por parte de todos. El amor visto desde el aire(2002), su primer disco, se recupera de forma más madura en este trabajo.
Ya lo demostraron con el proyecto de poner música a diferentes poemas de contemporáneoscordobeses –Llueve Revolución (2003, Grabaciones en el Mar)–, tradición que se ha ido perdiendo, por desgracia, en nuestra música. Y ahora prefieren decantarse por la orquesta antes que por unas guitarras más potentes.
Lo que sí que permanece, es su clase en la unión melodía y letra, ahí no han cambiado un ápice. Bien pueden marcarse un tanto con el tema deportivo estilo Tachenko que conseguir reflejar los temas más sencillos como complejos. Denueve cuenta con ese fuerte y esperemos que nunca lo pierdan.
El cambio más llamativo es el acercamiento a otros proyectos donde prevalecen más los arreglos orquestales. Grupos como La Buena Vida, Le Mans, Love of Lesbian, o incluso Mercromina, están ahora más próximos a los cordobeses que en su día lo estuviesen Pixies y toda su estela. Esto no quiere decir que nunca hubiesen apostado hasta ahora por este tipo de arreglos, sino que los ocultaban más detrás de las guitarras, eran demasiados secundarios, y por el contrario en El Codazo de Tassotidejan su papel de reparto para avanzar un paso más. Tras los mandos de la producción se encuentra Pedro Cantudo (Tarik, Jubilee, Limousine,…) experto en éste tipo de sonido, como bien lo demostró en Sequentalee (2005, Mushroom Pillow) de Tarik y la Fábrica de Colores.
Para crear un buen tema pop les basta con centrarse en las chicas y dedicarlas una canción, “Para Vosotras”, donde hay versos como: “no escuchéis a los Smiths, no escuchéis nada que os pueda hacer sufrir” a través de un pop claro y alegre. Pero antes ha abierto el trabajo “Cielo Drive”,en la que la parte orquestada en más importante que nunca, sobre todo en el final cerrando con una buena subida instrumental.
Y el resto se divide entre “Marble Arch”, “Electromecánicas United”, demostrando su pasión por el Manchester en unos versos geniales, y “Go Foreman!”, donde también recuperan el tema deportivo, sólo que ahora con la historia del boxeador que se enfrentó a Tyson y perdió.
Entre medias, se produce un mínimo bajón con el triplete “Tegamar”, “Brundle” y “Jennifer Grey”, más corrientes que el resto y de menor pegada. Por su parte, “Ochenta y Tres” y “El Puente de Hierro” son los temas que más recuerdan a su anterior disco –El Adiós Salvaje (2004, Grabaciones en el Mar), y que mantienen la ilusión de volver a escuchar unos Deneuve más rockeros en próximos trabajos.
Deneuve con este trabajo bajan un poco el nivel ofrecido hasta ahora, pero intentan tocar otros palos dentro de su trayectoria. Esto no quiere decir que hayan publicado un disco para cumplir, sino que sus anteriores tenían un listón bastante alto y éste cuarto no consigue alcanzarlo, pero se queda en un buen trabajo que hubiese sido mejor si algunas canciones se hubiesen cuidado más.
“La material no se crea ni se destruye, sólo se transforma”. Dicha sentencia científica tan manida bien podría aplicarse al campo musical. Los géneros no se crean ni se destruyen, sólo se transforman. No existe ningún género en la historia que su aparición haya supuesto un lastre para el resto, incluso el reggaetón (aunque nos duela reconocerlo). Ahora The Rumble Strips son los protagonistas de llevar a cabo la transformación de varios géneros en uno sólo. Toda la generación de Franz Ferdinand & CIA, se recoge para conseguir una fórmula con la que lograron tanto éxito, en tan poco tiempo. Pero esto es sólo una apariencia final, en el fondo los verdaderos cimientos los establecen el ska y el soul, todo ello con grandes dosis de power pop. Los británicos parecen tenerlo claro, si hay que juntar, hagámoslo con cabeza, géneros donde el ritmo no para y el oyente se siente contagiado por el ritmo desde un inicio.
Y así es, lo que ofrece su primer largo es ritmo, mucho, sin un ápice que permita relajarse varios minutos en una canción lenta, todas tienen sus partes álgidas en las que no se para. Tras dos EPs y el apoyo de una prensa un tanto mediatizada bajo ciertos intereses (el tufillo de la NME se percibe hasta en Malasia), llegó la hora de concentrar la fuerza de sus directos en un LP y todo ello con sólo tres años desde su formación. La carrera de estos chicos en un auge tan rápido podría plantearse como espontánea en base a su calidad y aceptación por buena parte del público, ya que su sello es un “desconocido” (Fallout Records) dentro del computo global del mercado; pero si se ve de dónde proviene este sello se aclara quizás el apoyo de la NME y el rápido auge. Fallout Records es un label subsidiario de la poderosa Universal Island Records, ahora ya todo aclarado.
Independientemente de si se busca un nuevo hype que reviente listas (por ahora el máximo puesto alcanzado en las de las Islas ha sido un #41 con “Alarm Clock”) y que a los dos días nadie lo recuerde, The Rumble Strips ofrecen buen material para disfrutar con él (un mes, una semana,o un día, pero disfrutar al fin y al cabo).
Todo empieza por “No Soul”, canción más capacitada para ser presentada como single que “Time”. Tranquilos en el inicio, casi desnudos y de repente entra el ritmo, recordando a los buenos hits que todos hemos disfrutado de la banda de Kapranos pero influenciados por unos The Jam con su influencia del ska al máximo, unos The World/Infierno Friendship Society pero sin la carga social de las letras. Así se entra rápido en calor, gracias a uno de sus hilos rítmicos: la importancia de las trompetas en sus canciones, un tema tras otro se va sucediendo sin casi desniveles, aunque la mejor tralla está al comienzo. “Alarm Clock”, “Building A Boat” y “Girls And Boys In Love”, entre las que también se pueden ver cierto aíre a Adam and the Ants y a los de Robert Smith en su fase menos oscura, en especial en “Girls and Boys in Love”, próxima a “Boy Don’t Cry”, aunque como es de esperar, las distancias son abismales entre una y otra.
Después se abre paso “Motorcycle”, en la que Charlie Waller (voz y guitarra) deja el término falsete clavado al final sin desentonar –¿dónde está ese tal Mika aquí?– . Lo malo de todo este material es que sí, son chutes de adrenalina, de los que consiguen alegrarle a uno el día, pero parecen tener una caducidad muy limitada (por poner un ejemplo: “Don’t Dumb Down”). Más bien destinados a la pista de alguna discoteca con el DJ “indie” de turno, que para disfrutar sin parar uno en su habitación o en su MP3. En The Rumble Strips se ve algo, o por lo menos se confía en ver algo que no sólo se limite a vender, sino a disfrutar de la música. Realidad o ficción, disfrutemos un rato de este disco. ¿Dexy’s Midnight Runners? No, eso son palabras mayores.
Paw Tracks, la misma discográfica de Panda Bear y Animall Collective, presenta su nueva vuelta de tuerca de lo establecido como común. Eric Copeland es quien se enfunda el traje de libertino del sonido y decide no sólo experimentar como hace con Black Dice y Terrestrial Tones, sino que va más allá: él fusiona cualquier tipo de sonido y lo mezcla para obtener su canción soñada desde hace tiempo. Un tiempo exacto de dos años, los que lleva Copeland para conseguir la mezcla adecuada. Aparentemente sin nada que ver con el manifiesto de Matthew Herbert en el que no es válido para la creación musical la utilización de un mismo sonido dos veces, y que sólo puede ser obtenido de la realidad, el neoyorquino cae en las mismas pautas que el británico, aunque en dos estilos opuestos. Prefiere para la construcción del tema loops que se mantengan y sobre ellos una mezcla de ritmos muy bien conseguida en “Hermaphrodite”, más marciano en “Green Burrito”, cercano a un tribalismo de juguete en “La Booly Boo” y próximo al industrial con “Tree Aliens”. Un trabajo complejo, difícil y curioso.